La investigadora Marieta Lorenzo hablará sobre su impresionante legado, que toca música, cine y hasta pintura, esta tarde en la Casa da Calzada a las 20.00 horas
26 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Matilde Vázquez era una mujer difícil de definir. Una artista polivalente que se hizo a sí misma, reinventándose constantemente. Nacida en Travesía do Peirao en Cambados en 1905, era la mayor de ocho hermanos. Siendo mujer y de origen humilde, todo parecía apuntar a que su futuro estaría ligado a la panadería familiar que regentaban sus progenitores. No conforme con ello, Matilde se propuso romper barreras y comenzó a despuntar desde muy joven por su increíble voz: «Tuvo un padrino que le ayudó en su camino. Se llamaba Ricardo Urioste, un hombre muy leído que estaba vinculado al Liceo Casino de Vilagarcía, una localidad culturalmente muy potente», cuenta Marieta Lorenzo, investigadora y encargada de conducir el coloquio sobre la figura de la soprano hoy a las 20.00 horas en la Casa da Calzada.
Así empezó la joven a darse a conocer, hasta que la repentina muerte de su padre obligó a que la familia se trasladase a Madrid en busca de un futuro mejor: «Llegó muy joven, con trece años aproximadamente, con el objetivo claro de hacer dinero para mantener a sus hermanos y a su madre», explica Marieta. Aquí la historia difiere: «Algunas fuentes apuntan que Urioste la ayudó a abrirse camino en la gran ciudad, pero, por otro lado, ella en entrevistas reconoció que los primeros tiempos fueron muy duros y que tuvo que pelear mucho por hacerse un hueco», explica la investigadora.
A golpe de zarzuela
Sea como fuere, la cuestión es que Matilde se puso a las órdenes del maestro Luis Iribarne. Corrían los años veinte y de moda estaba la «Revista», un género chico que mezclaba entretenimiento y erotismo. «No era sitio para Matilde, de hecho le decían que tenía demasiado talento como para quedarse ahí», comenta Marieta Lorenzo. Su carrera despegó definitivamente en 1927 con su debut en la zarzuela La del Soto del Parral, en el Teatro Fuencarral. Fue una época de mucho trabajo: «Se estrenaban zarzuelas todos los días, tenía poco tiempo de preparación y se llegó a hacer muy conocida», explica Lorenzo,
A partir de ahí, su talento traspasó fronteras. Viajó por medio mundo y se hizo tan conocida por el público que hasta dio el salto al cine: «Su cinta más popular fue Doña Francisquita, donde a pesar de tener un papel secundario, triunfó bastante», comenta la investigadora. Hizo unas cinco películas. De hecho, amasó una buena fortuna. Por entrevistas de la época se sabe que acabó viviendo en un barrio acomodado contando con servicio doméstico: «Estoy segura de que ganaba mucho más que su marido, que para la época es todo un hito», comenta la ponente. Y es que, como curiosidad, Matilde se casó con Felipe Moreno, ventrílocuo y tío de José Luis Moreno, con quien tuvo una hija.
Fundó su propia compañía
Tras varias giras, también por Latinoamérica, y tras la Guerra Civil, Matilde Vázquez decide reinventarse de nuevo: «La contienda fue un antes y un después. Pilló a Matilde en su mejor época, Madrid quedó destrozado y el trabajo, evidentemente, se redujo», comenta Lorenzo. La cantante participó en varias galas benéficas para recaudar fondos para los heridos, pero quería más. Con este reto por delante, la soprano fundó su propia compañía, con la que protagonizó éxitos como La Caramba (1942) y Polonesa (1944). La aventura duró unos diez años: «A esas alturas ella ya tenía una edad, estaba cansada, había trabajado mucho y por todo el mundo, y por qué no decirlo, ya había amasado su pequeña fortuna, así que decidió dar un paso al lado», explica la investigadora. Y se retiró, con apenas cincuenta años. «Esta situación se repite con otras mujeres artistas. O bien quieren asentarse y estar con su familia, o el marido les dice que ya está bien de tanta farándula», comenta la investigadora.
Después de una vida intensa y dedicada al arte, Matilde no se iba a retirar para quedarse de brazos cruzados: se dedicó a la pintura, aunque como aficionada. La soprano murió en 1992 dejando una trayectoria «que representa el esplendor de la zarzuela española en su momento más brillante y un repertorio clásico que tuvo una influencia duradera en el lírico español».
Para ahondar más en su brillante legado, la Diputación de Pontevedra la incluyó en la tercera edición del programa «Aquí faltan páxinas», con el que busca poner en valor su trabajo. «Son mujeres cuya historia es esencial para entender quiénes somos, pero que quedaron al margen del relato en los libros», explican los responsables del programa. Desde la entidad provincial también desarrollarán una ponencia sobre las mujeres ligadas al mundo del vino, cuya fecha y ubicación aún no está concretada, pero que tendrá O Salnés y su vinculación vitivinícola como protagonista.