El gran asunto del verano se cuece bajo la lámina vibrante del mar: el pulpo se ha marchado de Galicia. Cuentan los naseiros que los poquísimos ejemplares que consiguen cazar son enanos y escurridizos. En Bueu, Cangas, Baiona y Aldán, O Grove, Cambados y Ribeira, en Muros, Corcubión y Fisterra las personas del mar están dando cuenta desde que se abrió la temporada de la inquietante, repentina y drástica huida del pulpo, que parece haber considerado estas aguas un lugar hostil en donde su supervivencia como especie está amenazada.

Sensibles como andamos estos meses, no deberíamos desoír el presagio de este éxodo masivo que los más agoreros convierten en inminente extinción. Una Galicia sin pulpo constataría la gravedad de nuestra crisis existencial, con todas las pulpeiras de Arcos definitivamente enredadas con los cefalópodos marroquíes, la gran pesquería gallega, dejémonos de coñas.

Lo cierto es que a poco que se levante el hocico una enorme duda sustancial se manifiesta: ¿de dónde puñetas sale tanto pulpo? Toneladas y toneladas de rabos cocidos se menean por las mesas del mundo en una progresión geométrica de velocidad inaudita. El pulpo a la gallega se ha convertido en la gran referencia nacional. Ni Zara, ni el Celta, ni la catedral de Santiago, ni el futbolín de Finisterre, ni la empanada, ni el churrasco. El pulpo a la gallega ha conquistado el mundo. La cuestión es que el bocado de moda, el influencer de los chiringuitos, el animal marino que crece en O Carballiño, no se deja criar del todo.

NUESTRA CRIATURA MÁS ESPECIAL

No olvidemos que el pulpo es listísimo, que hasta le hizo ganar un Mundial de fútbol a España, una hazaña impensable sin el concurso de Paul, no nos engañemos. Así que deberíamos interpretar como dios manda este exilio masivo del pulpo gallego, nuestra criatura más especial. No encontraremos por estas tierras del norte muchas otras con tres corazones, cuyas hembras se comen al macho una vez reproducidas, que desenrosca botes de conserva con una pericia sobresaliente, se camufla, escupe tinta, tiene sangre azul, ocho brazos que regenera si se los amputan, cambia de color, tiene una inteligencia de un calado que aún no ha sido medido como merece y le escribió a The Beatles una de sus canciones más aclamadas.

En O Carballiño llevan décadas rindiéndole culto en una fiesta casi orgiástica, tal y como deslizó el exalcalde socialista Pachi Vázquez cuando se le requirió para que resolviese la gran duda existencial que acompaña al pulpo:

-¿Pulpo ou polbo?

-Unha cousa non quita a outra.

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