Chislara: «Diseño collares con los que la gente conecte»

SARA ABALO PÉREZ; s. g. VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

MONICA IRAGO

Raquel Quinzán es la dueña de su propio negocio, la «concept store» que apuesta por ofrecer artesanía con un diseño y calidad única, proporcionando a su gente una experiencia de compra genuína

23 jul 2026 . Actualizado a las 21:21 h.

Raquel Quinzán tiene veintiocho años, de los cuales ha dedicado la mayor parte a la moda. Sin embargo, lo que un día comenzó como una afición es hoy su profesión. La vilagarciana decidió irse a vivir una temporada a las islas Mauricio y fue allí donde descubrió su verdadera pasión: crear joyas que cuentan historias.

«Fui un día a Areoso y encontré unas conchas que me gustaban mucho y le dije a mi amiga: ‘‘Quiero hacer unos collares con esto’’», así explica Raquel cómo surgió Chislara. Aquellas primeras piezas nacieron sin grandes aspiraciones. Eran tardes de verano y la curiosidad de transformar pequeños tesoros encontrados en la playa en algo que pudiera perdurar. Lo que entonces era un simple pasatiempo encontró pronto un hueco entre los estudios y los cambios de ciudad.

Fue en las islas Mauricio donde la fundadora de Chislara profundizó en el mundo de la joyería, descubriendo materiales, piedras y técnicas que hasta entonces le eran ajenos. A su regreso, aquella experiencia terminó convirtiéndose en la inspiración de una de sus primeras colecciones. Desde entonces, cada creación tiene un nombre propio y narra un recuerdo o un instante que marcó la vida de la artesana.

Por ello, cuando regresó a Galicia, todas esas ideas encontraron por fin un lugar: un pop-up instalado en el mismo bajo que hoy ocupa su tienda. Aquel espacio acabó marcando un antes y un después. Llegó el momento de decidir entre abrir definitivamente el negocio o dejar atrás un sueño. Hoy, mirando hacia atrás, la respuesta parece evidente: ya no existe un plan B. De hecho, su colección actual también remite a esa forma de entender la vida. Sus collares de verano invitan a vivir el presente y a conservar aquellos momentos que uno desearía que fueran eternos. Esa es la esencia que diferencia su trabajo: «No es un collar y ya, sino que representa un momento, una situación que hace que la gente conecte».

Algunos collares de la colección actual de la tienda
MONICA IRAGO

Pero para la artesana no solo importa el significado, sino también la calidad. Todas las cadenas están elaboradas en acero quirúrgico. A ello se suman los cristales checos, su bestseller, además de piezas de nácar o perlas de río. Estas últimas ocupan un lugar especial en su memoria, pues le recuerdan a su abuela. Del mismo modo que sus joyas poseen una identidad muy marcada, la tienda también refleja su universo creativo. «No quería ir a Ikea y decorar la tienda con eso; quería que la decoración identificase lo que yo quería transmitir». Por eso, gran parte del mobiliario procede de objetos familiares reutilizados. Cada rincón conserva una historia, igual que sus joyas.

Bajo el lema «Saychis», Chislara se presenta como una marca de joyas handmade que reivindica «accesorios que nacen de un proceso lento y lleno de cariño». Una filosofía que apuesta por el valor de lo artesanal y de las piezas hechas para perdurar.

Aunque, si hay un secreto detrás del proyecto, ese es el apoyo incondicional de su familia. «A mi abuela le encantaban las perlas de río y yo ahora siempre tengo una colección un poco en homenaje a ella», recuerda Raquel. Sin embargo, reconoce que su mayor respaldo sigue siendo su madre, «Mi mayor apoyo es mi madre, mi madre para todo».

Mucho más que artesanía

Aunque la joyería artesanal continúa siendo el corazón de Chislara, el proyecto ha ido creciendo como concept store. Raquel comprendió que vender solo collares podía quedarse corto para sostener el negocio. Su objetivo es ofrecer prendas «para que no todo el mundo vaya vestido igual», explica.

Así, Chislara se consolida como un espacio donde la moda y la artesanía conviven con naturalidad. Un lugar donde cada collar tiene una historia detrás.

Su inspiración

La abuela. Si hay algo que Raquel Quintáns tiene claro es que su abuela Rosa y su madre han sido siempre su mayor inspiración. Aunque de pequeña su familia compraba cuentas y accesorios para crear piezas de joyería, lo que realmente marcó a la diseñadora fue una tradición muy especial: cada vez que viajaba, su abuela regresaba con tiras de cuentas o perlas de río. Hoy, ese recuerdo sigue muy presente en su trabajo. En cada colección incorpora perlas de río a sus diseños como una forma de mantener viva la tradición y rendir homenaje, a través de cada nuevo collar, a la persona que despertó su pasión por la joyería.