El vilagarciano Paulo García busca cerrar su etapa como escritor fantasma con la tercera de sus novelas propias, «Las ventanas sin rejas», una mirada humana al interior de un centro psiquiátrico
14 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.La creciente concienciación acerca de la salud mental ha llevado a la proliferación de numerosas obras de ficción ambientadas en psiquiátricos, cuyos protagonistas se alejan de las normas de la sociedad. Una corriente que a menudo puede caer en tópicos o sensacionalismo, por eso, la humanidad con la que se acerca al tema el escritor vilagarciano Paulo García (1990) en la tercera novela que publica bajo su nombre, Las ventanas sin rejas, supone todo un soplo de aire fresco. Ni romanticismo, ni extravagancias injustificadas: su obra la pueblan personas de verdad, que sienten y padecen como cualquiera y cuyo tormento al ser ingresadas es la soledad —«son persoas que estamos marxinando porque non coñecemos un xeito mellor de tratalas»— y el máximo objetivo, la autocomprensión.
El detonante es el ingreso de Miguel, un hombre de 30 años obsesionado con el paso del tiempo. Una característica tan propia del mundo contemporáneo que los especialistas ya le han dado un nombre: cronopatía. «Eu non o sabía no momento de escribir. Informoume unha lectura da existencia deste trastorno». En el hospital, Miguel conocerá a una serie de personas con las que intercambiará ideas y experiencias. «Quixen interrogarme sobre o que é o ser humano, que é a humanidade dentro dun ambiente opresivo», señala el autor. Del mismo modo que sucede lejos de las paredes de un hospital, el ser humano es un animal social, y por ello, nada mejor que otro humano para responder a esas preguntas. Dispares, con diferentes problemas y trayectorias, de diversas edades, pero compartiendo la experiencia psiquiátrica, los protagonistas del libro se guían los unos a los otros en el camino de entenderse a ellos mismos, en una narración sobre la que cuelga constantemente la pregunta: «Ata que punto unha persoa está corda ou non segundo os criterios que alguén fixou nun momento concreto?».
Aunque el punto de la obra no es la crítica al sistema, sí se reivindica la desestigmatización: «Os índices de violencia na sociedade xeral e dentro dunha institución mental, en tanto por cento, son os mesmos, é dicir, que non é xente máis perigosa nin necesariamente máis inestable», señala Paulo. «A solución que lles ofrecemos para tratalos non é a máis adecuada para eles». Esa mirada empática se convierte en el mejor aval del autor: «Unha lectora, a nai dunha persoa que estivo varias veces ingresada quixo agradecerme o tratamento respectuoso e humano».
Escritor fantasma
La maduración profesional a menudo pasa por cerrar etapas que ya no aportan. Tras diez años ejerciendo de escritor fantasma, es decir, escribiendo obras que llevarán la firma de otros —a menudo, rostros televisivos, influencers o streamers que las editoriales buscan simplemente capitalizar—, Paulo García busca ahora que las ganancias lleguen de publicar ideas propias —a veces como libros, otras, como guiones— y no de poner las palabras en boca de otros: «Xa non necesito ese rol». Un rol que define como poco gratificante y en el que prima la celeridad por encima del contenido: «A calidade non importa demasiado, porque o público obxectivo non é un lector frecuente». De hecho, la ve una labor muy susceptible de ser dominada en breve por la IA generativa: «Unha editorial non deixa de ser un negocio, que necesita que os números cadren e mecanismos que o fagan posible. Antes un libro non se podía escribir en dous días. Agora si».
Los temores frente al avance tecnológico no son nuevos dentro del mundo editorial, un sector al que algunos auguraban un futuro muy negro hace una década y que, no solo sigue en pie, sino que vive un momento dulce: «A pandemia fixo que moita xente retomase o hábito da lectura». Quizás por haberlas visto ya de todos los colores —son unos cuantos años ejerciendo, no solo de autor, sino también de editor y corrector para diferentes empresas y particulares—, Paulo es optimista, aunque cauto: «Como escritor das miñas ideas propias non estou preocupado, pero tamén din que a IA será cada vez máis elaborada… Haberá que ver como evoluciona isto». De momento, su tercera novela, que recoge el testigo de Desgaste vital (2014) y Tierra yerma (2023) está teniendo una gran acogida por su público. En febrero presenta el libro en Madrid y confía en poder hacerlo pronto también en su localidad natal.