O Cavadelo, historia y esperpento

Esos terrenos han sido campo de fútbol, basurero, parque de atracciones y burdel de bolsillo


redacción / la voz

Hubo un tiempo en que las candidaturas a las elecciones municipales de Vilagarcía se confeccionaban atendiendo a los siguientes criterios: un candidato con tirón encabezando la lista, un anciano venerable cerrándola, un mirlo blanco en el segundo puesto, a ser posible que fuera arquitecto, un peso pesado del partido para que pusiera orden, un vecino de Vilaxoán, un vecino de Carril y un representante de «Cavadelo Connection».

O Cavadelo forma parte de la historia moderna de Vilagarcía porque esa explanada robada al mar ha sido escenario del ocio dominical, del esperpento local y del desarrollo de la ciudad. Nada como O Cavadelo para explicar la evolución de Vilagarcía, su gracia y su desgracia.

Los terrenos de O Cavadelo han sido campo de fútbol, aparcamiento, basurero, parque de atracciones, y has­ta burdel de bolsillo para cierta prostitución ocasional y cutre. En O Cavadelo llegó a instalarse, en tiempos de Rivera Mallo como alcalde, una plaza de toros donde cantó Mecano y hubo una novillada que recordó a la Vilagarcía taurina de cien años antes, cuando en el San Roque de 1892 toreó Fernando Gómez El Gallo y se fletaron trenes especiales desde Santiago de Compostela para verlo.

En O Cavadelo se levantó en las fiestas de Santa Rita de 1995 la noria más alta de Europa y en agosto del 92, se convirtió en un asnódromo donde se disputó un emocionante derby asnal que atrajo a Vilagarcía a los mejores jumentos de A Illa, Vilanova, San Miguel de Deiro y Caldas de Reis, que compitieron por llevarse un sustancioso premio: 35.000 pesetas y tres sacos de pienso.

En aquel campo de fútbol competían equipos con nombres muy alimenticios y muy del chiquiteo: O Churrasco, Conservas Friscos, Bodegón San Miguel, Jamonería Os Arcos, Viña Cartín, Pub Pecados… Cuando Javier Gago ganó las elecciones municipales para ser alcalde durante un puñado de años y darle un vuelco a la ciudad, se decía que Vilagarcía estaba gobernada más por el gaguismo que por el socialismo. ¿Y qué era el gaguismo? He aquí una definición de aquellos tiempos: «El gaguismo es un cuarentón que juega en el Cavadelo; una madre que pertene­ce al APA de un colegio de EGB; un tipo entrado en calvas que trabaja en Lantero, Ibecar o Megasa, coge setas en otoño, ve vídeos en invierno, par­ticipa en carnavales al empezar la primavera y acude al Terrón en verano; una pareja joven con dos hijos que son socios del Liceo, detestan hablar de Fexdega y participan en la fiesta del agua…».

En las primeras elecciones que ganó Gago, las de 1991, se ironizaba sobre el retorno político del concejal Pérez Vallejo «tras ocho años confinado en O Cavadelo». Y años después, Carlos Guerrero llegaba al palacio de Ravella, tras, entre miles de actividades, formar parte del equipo Peñón O Churrasco, campeón de Copa en o Cavadelo y tercero en la liga.

El momento más duro para O Cavadelo se vivió en 1986, cuando este espacio situado en pleno centro de la ciudad se convirtió durante unos meses en hediondo vertedero de las basuras de Vilagarcía. No creo que Vilagarcía haya caído tan bajo como durante ese período, aunque eso no impidió que Rivera Mallo arrasara en las municipales del año siguiente.

Un miércoles 18 de enero del año 1995 se firmó el Pacto de O Cavadelo, un documento que cambió Vilagarcía. Celso Callón, a la sazón «boss» del puerto, conseguía reunir en torno a una misma idea a entidades tan dispares como el Ayunta­miento de Vilagarcía, la Auto­ridad Portuaria, la Jefatura de Costas, la Cofradía de Vilaxoán y las organizaciones de productores de Carril y Vilaxoán. Juntos, rubricaron aquel pacto de O Cavadelo. Gracias a él, la playa de Compostela acabó siendo un inmenso are­nal, Vilaxoán recuperó sus playas y hubo ayudas para los mariscadores.

En el salto de milenio, aquel campo de fútbol que reunía a cientos de espectadores cada domingo para ver los partidos y, en julio de 1997, atrajo a 32 equipos para celebrar las 48 horas de futbito con 1.500 personas asistiendo a la final… Aquel Cavadelo que, en 1998, veía cómo se instalaban en Santa Rita el doble de atracciones que en las fiestas compostelanas de la Ascensión… Aquel Cavadelo tan árido y popular se convertía en un párking que los turistas calificaron de marbellí por su aspecto de instalación veraniega provisional y mediterránea.

Al principio, sobre el aparcamiento de O Cavadelo llovieron las críticas hasta que nos convencimos de que era funcional e imprescindible. Fue en el año 2000 cuando encima del párking abrió la cafetería-heladería San Remo, que permitía, por vez primera, merendar sentados alrededor de un velador un café con una tarta de arándanos o de lo que fuera. Sobre el párking se construyeron dos pistas de baloncesto, una pista de patinaje con modernos aparatos, un parque infantil, la cafetería, una caseta de turismo y otra complementaria. En fin, la repera.

Ahora, 21 años después de aquella reforma, O Cavadelo vuelve a escena. Va a modernizarse y será un espacio con mucho skate y mucho street, pero en la historia sentimental de Vilagarcía, O Cavadelo siempre será el sitio donde se jugaba al fútbol, se levantaban las norias y se curtían los futuros concejales.

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