La voz adolescente que reaviva la tradición

Con 15 años, Joel Padín ha editado un disco con trece piezas rescatadas del repertorio gallego


VIlagarcía / la voz

El disco está formado por trece piezas del repertorio tradicional gallego recogidas por el vilagarciano Carlos Rey en varios puntos de Galicia. Son piezas poco conocidas, que no están sujetas a ningún canon interpretativo, y en las que Joel Padín ha podido dar rienda suelta a su creatividad. El disco ha sido producido por el Concello de Vilagarcía, y se pondrá a la venta próximamente. Un dato solidario: un 10 % de lo que se recaude por la venta de este trabajo musical será destinado al refugio de animales de Vilagarcía, del que Joel es colaborador.

«Ya no soy tan niño». La frase choca en la boca de Joel Padín, un chaval de quince años que cada mañana se levanta para ir al instituto de Carril (Vilagarcía). Su frase es mucho más que el grito de un adolescente rebelde: es la constatación de una realidad musical. Joel lleva desde los seis años vinculado al mundo de la música tradicional, a los once ya había ganado un concurso televisivo de pequeños talentos, y ahora puede presumir de haber editado, con el apoyo del Concello de Vilagarcía, su primer disco. No está mal para un niño que ya no lo es tanto.

«Aughas mortas es como se le llama en Arousa a las medusas. Cuando lo escuché me encantó. El agua siempre se asocia con la vida... Es algo contradictorio», explica el joven artista. Aughas mortas es también el título de su disco, una colección de trece piezas tradicionales, recogidas en varios puntos de Galicia por Carlos Rey, un vilagarciano que ha hecho de la recuperación de la música tradicional uno de los ejes de su vida. Rey tiene una colección enorme de piezas que ha ido recogiendo para salvarlas de la quema del olvido. Y en la voz de Joel, ha encontrado el vehículo ideal para compartir esos temas, que nunca habían sido grabados, con el mundo.

Carlos conoció a Joel en un encuentro de gaiteiros que se celebra anualmente en Vilagarcía. Lo escuchó cantar, dice, y se enamoró de su voz y de su estilo. Joel había comenzado a cantar música tradicional siendo muy niño, cuando empezó a ir a clases de pandereta y baile regional. «Tenía seis años y mis padres dijeron que teníamos que hacer alguna extraescolar. Recuerdo que yo no quería... Pero fui a la primera clase y salí encantado». Acababa de nacer una pasión. «Cuando era más pequeño cantaba muy agudo. Dolían los oídos al escucharme», señala. Él, que se reconoce como una persona entusiasta, se sentía tan bien cada vez que entonaba una pieza que en los certámenes de música tradicional a los que acudía cantaba con su grupo -a lo largo de su corta carrera ya ha pasado por bastantes formaciones- y luego «me subía yo solo al escenario. Como tenía la voz tan aguda, la gente se callaba y me miraba. Me atendía. A mí me flipaba que me atendieran de esa manera».

«Llamaba bastante la atención», recuerda Joel. Y su talento lo empujó a presentarse a un concurso para niños de la TVG. «Éramos bastantes chavales, pero yo era el único que iba con música tradicional», relata. Ganó. Y conoció a un montón de primeras espadas de la música tradicional con los que mantiene ahora una relación de amistad.

Esa persona clave

De todos ellos, el que tenido una mayor influencia en su vida es el también vilagarciano Carlos Rey, con el que hace ya un par de años grabó un libro-disco de canciones infantiles. «Desde entonces, ya me cambió un montón la voz», ríe Joel. (Había quien decía que con ese cambio se acabaría su encanto: se equivocaban). A Carlos le agradece que haya puesto a su disposición su colección de piezas recogidas por las aldeas, tomadas directamente de la memoria de nuestros mayores. Piezas que no están sujetas a un canon interpretativo. Porque si hay algo que Joel no soporta es que se le pongan puertas a la forma de cantar, tocar y disfrutar una pieza. Por eso, ha buscando canciones que poder ejecutar libremente. Porque en el mundo de la música tradicional, hay más corsés de los que pueda parecer. «Uff, es complicado», dice. «Hay gente que es como si pensase que las canciones tradicionales que recoge son de su propiedad, y que hay que pedirles permiso para cantarlas y hacerlo como ellos dicen». Y Joel, que es un rebelde con causa, lo que quiere es «hacer un poco lo que me da la gana». Jugar con la música, disfrutar cada verso, sacar a la luz temas olvidados pero que forman parte de nosotros como pueblo. «Yo creo que esa es la manera de que la tradición no se pierda. Las canciones no hay que guardarlas bajo llave», dice. Hay que compartirlas, insuflarles vida, hacerlas sonar.

«Ya no soy tan niño». Las palabras de Joel resuenan en cada recodo de la conversación: tiene quince años pero demuestra una madurez tremenda, una perspicacia trabajada. Y confianza. Una gran confianza en que la música tradicional que parece esmorecer resurgirá, renacerá. Él está dispuesto a dar la batalla y a ganarla, apoyándose en todas las herramientas que tiene a su alcance. ¿Las redes sociales? Por supuesto. «Facebook puede ayudarnos mucho para difundir la música tradicional», que al final es lo que interesa.

De Joel Padín escribe Xurxo Souto en el libreto del disco Aughas Mortas. Y de él dice: «Nesta fin do mundo, velaquí está o cantar de Joel para que se deite cada día o sol no mar de Arousa». De él dice, también, que «volve situar a Vilagarcía no centro da música galega». Y para él, y para todos nosotros, expresa un deseo: «Medren as cousas bonitas. Medre Joel Padín». Pues lo dicho: que el niño que ya no es tan niño, siga creciendo,

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