Descubriendo la plaza invisible

Pescado, carne, frutas y verduras... El mercado de Vilaxoán nutre de todo lo necesario, algo que mucha gente ha descubierto a raíz del covid-19

La discreción es una virtud con la que no se debe pecar de exceso: se corre el riesgo de la invisibilidad. Algo así es lo que le ha ocurrido al mercado de abastos de Vilaxoán: tanto se ha enmascarado en su entorno, que a estas alturas hay muchos vilagarcianos que ni sospechan, ni imaginan, que en Vilaxoán haya una plaza. «Hay mucha gente que no sabe ni siquiera que estamos aquí», dicen las cuatro mujeres que mantienen viva la actividad en este edificio, con las paredes exteriores tatuadas con los grafitis de As Revenidas. Ellas no se quejan de su suerte. «A cousa está mal en todas as prazas. Agora hai moito coche e moito supermercado», dice Mari Loli, peixeira con mucha historia a sus espaldas. Pero reconoce que en su puesto no falta «a clientela de todos os días», compradores fieles que ayer generaban un movimiento constante en los despachos de pescado, fruta y carne que operan en un edificio que pide a gritos una reforma, una actualización, un billete para el siglo veintiuno.

En Ravella aseguran estar ya trabajando en ello. Con cargo a los fondos Feder se está elaborando un proyecto para renovar la imagen de estas instalaciones municipales. La intención, dice el gobierno local, es aprovechar todo el potencial del edificio, despertando el interés por ubicar en él nuevos negocios cuyo carácter encaje con lo que debe ser una plaza de abastos: un centro de comercio de proximidad, de producto bueno, fresco, sabroso.

Informa el Concello de que antes de finales de año ya debería estar el proyecto listo. Las cuatro vendedoras que tienen su puesto en Vilaxoán saben que algo se está haciendo. «A ver si es verdad, porque la última reforma fue hace cincuenta años», relata Mari Carmen Limeres desde la carnicería. Ella lo sabe bien: sus padres cogieron despacho en aquella plaza remozada: ella les dio el relevo hace nueve años. «Parece que teñen algo para ensinarnos», comenta Sara Pérez desde el puesto de frutas y verduras. Ella lleva un puñado de años en la plaza, ha sido la última en llegar, y en su voz se filtra que sabía adonde venía: a un lugar donde las oportunidades hay que cazarlas al vuelo.

Para las vendedoras de la plaza vilaxoanesa, el covid-19 ha sido una oportunidad. Suena raro, pero la realidad, a veces, es rara. Durante el tiempo de confinamiento forzoso, muchos vecinos de Vilaxoán redescubrieron su plaza. Para evitar moverse hasta Vilagarcía, bajaban a comprar a esos puestos que les sirven buen pescado, buena carne, buena fruta y verdura. «Había gente que no quería desplazarse y empezó a venir, y otros que llamaban porque les llevábamos los pedidos a casa», cuenta Loli, que también vende pescado. Siendo solo cuatro vendedoras, les resultó fácil organizar los envíos a aquellos domicilios que picaban un poco de todo. «En cuanto empezamos a abrir, hubo gente que volvió a sus costumbres de antes y hubo también los que se quedaron», explican las vendedoras.

Durante la mañana, hasta la plaza se acerca un buen puñado de clientes. La mayoría son mujeres, pero también hacen acto de presencia algunos hombres. Luisa, que es vecina de Vilaxoán, siempre ha comprado en la plaza. «Eu estou contenta, o produto é moi bo. Non compro moito, porque son eu sola, pero o que teño que comprar lévoo de aquí», relata. Laura, también vilaxoanesa, se lleva varias bolsas bien repletas de alimentos. «Veño aquí a pola froita, o peixe e a carne. Ao súper hai que ir igual, e as veces podo picar algo desto alá, pero normalmente veño á praza. O produto é moi bo, elas son coñecidas... E hai que deixar cartos no pobo». Probablemente no haya mejores razones.

«Viene gente de As Pistas y de Vilanova; aquí es fácil aparcar»

La plaza de Vilaxoán no es una excepción: en el tiempo de las prisas y la inmediatez, las cosas no están fáciles para este tipo de negocios. Sin embargo, las vendedoras que sobreviven en este edificio saben que tienen algunas ventajas. «Aquí viene gente de As Pistas y de Vilanova porque es fácil aparcar, de eso no tenemos problema», dicen. Así que hay quien se sube en el coche, hace sus compras «y mientras le limpiamos el pescado se toma un café». Como contrapunto, la debilidad de la plaza es la falta de señalización, que hace que sea una gran desconocida para muchos vecinos del entorno. «Lo que nos gustaría es que nos hiciesen una gran cristalera hacia la calle...» Pero lo más urgente es que arreglen los portales, que están destrozados.

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