«Dende aquí aínda o vemos todo verde»

El incendio que el domingo se inició en Cornazo devoró una hectárea de monte que llevaba tres años sin limpiar; ayer, la zona aún humeaba


vilagarcía / la voz

Los aviones del servicio de extinción de incendios volaban el domingo tan bajo sobre Vilagarcía, que muchos vecinos se asomaron para ver qué era lo que estaba pasando. Algunos echaban la cabeza por la ventana. Otros se sumergían en las redes sociales para encontrar la respuesta a su inquietud. Desde uno u otro lugar contemplaban la inquietante y densa columna de humo que, con toma de tierra en Cornazo, ocultaba el perfil de Lobeira. El incendio había arrancado sobre las siete de la tarde en una zona de monte muy próxima a una urbanización. En primera instancia, los vecinos echaron mano de mangueras y cubos para intentar sofocar el fuego. No tardó en llegar la caballería: varias dotaciones del Servizo Municipal de Emerxencias, Bombeiros do Salnés, brigadas forestales y, sobre todos ellos, dos helicópteros y dos hidroaviones. La proximidad de viviendas y el fuerte viento que soplaba hacían temer que la situación se complicase. Afortunadamente, no fue así, y el fuego se detuvo antes siquiera de acercarse a la carretera que separa la zona de monte de la de las casas.

En la misma calle en la que el domingo un nutrido grupo de vecinos observaba las maniobras de los equipos de lucha contra el fuego, ayer por la mañana reinaba un tranquilizador silencio. Solo el olor a madera quemada, a monte tiznado, indicaba que por la zona se había producido un incendio forestal. Una mujer se asoma a la ventana de la vivienda. Afortunadamente, la situación no fue grave, indicaba. «Dende aquí aínda o vemos todo verde», decía señalando con un gesto las filas de eucalipto que ocultan la reciente cicatriz negra. El monte que ha ardido, explican los vecinos, es de propiedad privada. Hace unos tres años fue objeto de una profunda limpieza. Pero en ese tiempo, la maleza volvió a abrirse camino. Y el domingo, el polvorín empezó a arder.

Ayer, la tierra continuaba humeando, y bajo el manto gris que la vestía asomaban, por momentos, brasas de vivo color naranja que recordaban el peligro, lo que podía haber pasado. «Isto agora xa non ten problema», explican desde la brigada antiincendios que ayer por la mañana se había desplazado hasta el lugar para continuar enfriándolo y para asegurarse, sobre todo, de que no había riesgo de que el fuego volviese a prender. También los Bombeiros do Salnés acudieron al lugar para colaborar en un trabajo imprescindible para evitar un nuevo susto en el monte de Cornazo.

Lo que ya no se puede evitar es el daño sufrido por la hectárea de terreno quemada. Una pista que cruzaba el monte se antojaba, horas después del incendio, como un efectivo cortafuegos, ya que hasta ella habían llegado las llamas y en ella se habían detenido. Sobre la tierra de ese camino, convertida en lama por los efectos del agua vertida, se hallaba, despanzurrado, el cadáver de un tritón. Un recordatorio, triste y solitario, del poder destructivo del fuego. Los géiseres de humo que emergían de la tierra ennegrecida no hacían más que apuntalar esa sensación de desolación que golpea Arousa, de nuevo, al final del verano.

Porque el apagado en Cornazo no fue el único incendio registrado durante el domingo. Casi a la misma hora comenzaba otro fuego en San Roque (Vilanova). También cerca de las casas. También espoleado por el viento y apagado con la ayuda de medios aéreos.

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