Un tándem entre educación y entrega

Rebollo conoce el baloncesto desde los dos lados de la pista; primero como jugador y ahora como técnico

a.g.
a illa / la voz

Como muchos niños, Nacho Rebollo (Santiago, 1973) cuenta como de pequeño «jugaba mucho al baloncesto y estudiaba poco». Esto llevó a que pronto acabara en el colegio Peleteiro, con ocho o nueve años de edad, según él mismo cuenta. Su interés por el deporte fue creciendo y años después se fue a Cambados y a las filas del Xuven, con un equipo que apostaba por gente joven como él. Así que «lo normal», como él dice, era que luego de una niñez y una adolescencia rodeado de canastas, y una carrera en INEF por la Universidad de A Coruña, diese el gran salto a la dirección de equipos de base: «Tenía que ser. Además, estudiar INEF me aportó los conocimientos necesarios sobre el aprendizaje colectivo, el deporte como ciencia», explica Nacho, aunque cuenta que él también vivió el antes, cuando el baloncesto se basaba en «selección natural, en buenos y malos y no en seres humanos, como se basa en la actualidad», relata.

Nacho Rebollo gusta de lo que hace, pero también reconoce que el deporte «tiene mucho de injusticia», por eso prefiere trabajar para «encontrar a maestros más que a genios». Arrancó en el Cortegada, con una generación de jugadoras que empezó a entrenar en minibasquet y que acabaron formando el primer equipo sénior femenino en A Illa. «Eran unas chicas muy trabajadoras, así que con mucho esfuerzo conseguimos llegar hasta el Campeonato de España», cuenta de aquella generación.

Con ellas, Rebollo aplicó una metodología de trabajo que se basaba en la potenciación del equipo al completo, olvidándose de las estrellas de turno para hacer brillar al conjunto: «No consistía en tener a cinco jugadoras buenas y sacarlas en todos los partidos mientras que al resto no; se trataba de trabajar todas en equipo» cuenta.

Para él lo más importante no es ganar partidos o «llegar a lo que se supone es lo más alto», ya que considera que el baloncesto es mucho más que hacer crecer el ego de los entrenadores a cada victoria. «Son valores, es una educación», dice. Por eso, en este sentido Nacho Rebollo es tajante: «La federación no lo está haciendo bien. No se preocupa lo suficiente por los equipos de base, y eso quiere decir que no tiene interés por lo que el baloncesto te aporta a nivel vital».

Actualmente Nacho Rebollo continúa en el Dorna, pero todavía no han empezado los entrenamientos en esta temporada, algo que lamenta, ya que relata que, al contrario que los equipos de A Illa, la mayoría de los clubes de la contorna ya han arrancado la preparación: «Si la excusa que ponen es que no se puede entrenar porque el baloncesto es un deporte de contacto, es que están subestimando las capacidades de los entrenadores por controlar el deporte», cuenta. Aunque reconoce que no son las mejores condiciones para comenzar, asegura que en A Illa «hay menos razones para no empezar, porque aquí la gente se encuentra por la calle y se cruza todo el tiempo», comenta entre risas.

Del ayer al hoy del baloncesto

Nacho Rebollo reconoce que los valores deportivos han cambiado mucho desde que él era joven: «Básicamente, porque nosotros antes estábamos todo el día en la calle jugando; ahora parece que la calle sea una amenaza», y añade que existe un problema de atención: «Ahora, si se tarda más de veinte o veinticinco minutos en explicar cualquier cosa la mitad de los chicos ya han desconectado».

Para Rebollo nunca tanta importancia han tenido los deportes como hoy en día, y no solo habla de los problemas físicos y de salud en general que arrastran las nuevas generaciones, que también, sino que Nacho se refiere a los valores de desarrollo personal y al sentimiento de formar parte de algo: «El deporte colectivo hace mucha falta. El individuo es el objetivo, pero el colaborar, el unirte a algo, te hermana, te hace rico», explica Rebollo.

Y concluye: «La escuela y la cancha son necesarias para el desarrollo racional en particular y para la vida en general».

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