Maniobras orquestales en el drakkar

El horizonte de una moción de censura inminente en Catoira dispara las luces rojas en las cúpulas del PSOE y el PP


catoira / la voz

Los amantes del género fantástico recordarán cómo, contra todo pronóstico, un par de modestos seres conocidos como hobbits fueron capaces de burlar a todo un imperio y a sus ejércitos para acabar destruyendo el símbolo y la base de su malévolo dominio. El clásico de J. R. R. Tolkien, llevado a la pantalla por Peter Jackson, contiene un par de enseñanzas sencillas sobre la vida y sus cosas. Cuidado con los minúsculos detalles y las posibilidades más remotas, porque a la chita callando pueden acabar marcándoles el ritmo a los poderosos de este mundo.

Por lo que respecta a Galicia, todos los ojos están puestos en cierto día de octubre, si no antes, en el que los ciudadanos de este recóndito país seremos llamados a las urnas para renovar nuestro gobierno. De acuerdo con la encuesta más reciente de Sondaxe, no parece haber más que dos opciones: o el Partido Popular de Alberto Núñez Feijoo reedita por los pelos su mayoría absoluta, o un tripartito conformado por PSOE, BNG y la confluencia que se arremoline en torno a Podemos toma el relevo por la zurda.

Es de suponer, y más después de los pactos alcanzados en Madrid, que las tres formaciones de la izquierda se cuidarán mucho de cruzarse en incómodas controversias durante los meses que nos queden por delante hasta las autonómicas. Hay que evitar la trifulca con el socio potencial. Pero hete ahí que un breve e inesperado paseo a orillas del Ulla encierra la semilla de una poderosa confrontación que, a poco que sus dos protagonistas aprieten el acelerador, enfrentará a dos de las fuerzas progresistas llamadas a entenderse. El socialista Alberto García, alcalde de Catoira durante treinta años y actual líder de la oposición municipal, e Iván Caamaño, joven abanderado del PP y principal desencadenante de la caída de García, caminaron juntos el sábado para lanzar al aire, así, como quien no quiere la cosa, que una moción de censura firmada por ambos para arrebatar el bastón de mando al nacionalista Xan Castaño es perfectamente viable.

El BNG no tardó en replicar, en la persona del regidor vikingo, quien horas después acusó a la gaviota de «blanquear» a García después de haber echado pestes sobre él durante décadas enteras. Sería interesante conocer qué piensa el PSOE en las alturas de una operación así. Pero los curiosos se quedarán con las ganas. Nadie, en la dirección provincial del PSdeG, quiere manifestarse al respecto. Pese al silencio, es obvio que el malestar y la preocupación cunden en la casa del puño y la rosa ante la perspectiva de un acuerdo que no les dejaría otra alternativa que tomar medidas contra Alberto García, a riesgo de desairar al socio nacionalista antes de empezar. Curiosamente, tampoco la cúpula del PP, que en principio podría sentarse en primera fila a observar el espectáculo y aplaudir, está dispuesta a comentar el asunto. Tal vez porque nadie tiene garantizada silla en este banquete, y el más nimio resbalón puede mandarte al infierno con anillo y todo.

La perspectiva de una trifulca con el BNG en vísperas de las autonómicas preocupa al PSdeG

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