«Os policías facemos de psicólogos»

A Quinso le tocó vivir los tiempos duros del narcotráfico, los conflictos con A Illa y lidiar con el famoso mono Bruno


vilanova / la voz

A Joaquín García Barros, Quinso, ya no se le verá más con uniforme por Vilanova. Sigue yendo al puerto a coger su barco para ir de pesca y a la casa familiar en A Braña, pero no volverá a patrullar por sus calles. Se acaba de jubilar con 63 años después de 37,5 de servicio en la Policía Local. En 1982 ingresó en el cuerpo como guardia y acabo convirtiéndose en inspector-jefe, y todo por culpa de Alfonso. Él fue quien le avisó de que el Concello de Vilanova convocaba una plaza de policía y Quinso decidió probar suerte. Había hecho Magisterio y estaba estudiando Geografía e Historia, pero sacó la oposición y la vida le dio un quiebro.

«Foi unha cousa circunstancial, pero acabas colléndolle cariño á profesión». Joaquín García partía con un hándicap; ser policía en Vilanova siendo vilanovés. Pasó de ser Quinsiño, el hijo de Quinso e Isolina, a convertirse en el brazo de la ley, y eso no siempre es bien recibido por todo el mundo. «Houbo xente que deixou de falarme», relata.

Más allá de la ingrata tarea de multar al vecino de toda la vida por aparcar mal, a García le tocó lidiar con episodios complicados en la historia del pueblo, como lo fueron los conflictos entre Vilanova y A Illa -asalto al consistorio incluido- y la convivencia con el fenómenos del narcotráfico y el consumo de drogas, que en los años ochenta y noventa marcaban la rutina en la localidad. Nuestro protagonista llegó a salir en las páginas de Interviú a propósito de las agresiones sufridas en este contexto y no fue la primera ni la única vez que acaparó la atención de los medios de comunicación de Madrid. Por un motivo mucho más amable, también fue reclamado por los periodistas para dar cuenta de la peripecia de Bruno, aquel mono que se subió a un árbol en O Terrón y no había manera de capturar.

¿Ruidos paranormales?

Las policías locales acumulan un sinfín de anécdotas con animales de por medio a cuenta de patitos extraviados, nidos de avispas o gatos atrapados en el motor de un coche. Lo que no es tan habitual es que la requieran para comprobar la procedencia de unos ruidos de naturaleza extraña en una casa, según afirmaba el denunciante. Quinso ha sido testigo en primera línea del incremento de las competencias que ha experimentado la policía local con el paso de los años, pero buscar espíritus o fenómenos paranormales todavía no entra dentro de sus atribuciones, de modo que el vilanovés que oía cosas raras al lado de su cama tuvo que buscar respuestas en otro lado.

Ser agente en los ochenta era mucho más fácil que ahora porque entonces sus funciones se ceñían a regular el tráfico y procurar mantener el orden público. Hoy, las policías locales deben atender desde casos de violencia doméstica, pasando por delitos de carácter medioambiental o urbanístico. «Hai máis competencias e máis responsabilidade», apunta García, y, pese a todo, siguen siendo el patito feo de las fuerzas de seguridad. «Os cirurxiáns son moi importantes, pero antes de mandar ao paciente a operarse ten que pasar polo médico de cabeceira», señala gráficamente Quinso. Al agente le toca ser el primero en diagnosticar el problema «e moitos veces incluso facemos de psicólogos».

La Vuelta, como un reloj

El contacto directo con el ciudadano a veces es complicado, pero también puede resultar gratificante cuando el policía se va a casa con la satisfacción del deber cumplido y un gracias del vecino al que ha sacado de un atolladero. Para él, la experiencia más satisfactoria desde el punto de vista profesional fue haber conseguido que en aquella etapa de la Vuelta Ciclista a España que salió de una batea en Vilanova en agosto de 2013 «todo funcionara como un reloj». Y también le ha dado alegrías su faceta más didáctica, bien como profesor de Ética Policial en la Academia Galega de Seguridade, bien impartiendo charlas a los chavales en los institutos.

Le queda una espinita; no ver una mayor unión entre las policías locales de la comarca, «porque os malos andan dun lado para outro». En su opinión, la coordinación y optimización de los recursos es fundamental para mejorar el servicio, máxime en un municipio como Vilanova donde la plantilla policial siempre resulta escasa y no hay cuartel de Guardia Civil.

Pero esta ya no es su guerra. Ahora le toca descansar y disfrutar de la vida, pescando unos pulpos cerca de O Grove y tocando la guitarra y cantando una habanera con Arosa Bay. Quinso cuelga las botas de policía y lo hace agradecido a todos aquellos que le ayudaron en el camino de hacer de Vilanova un lugar de ley.

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