Donde pongo el ojo, pongo la flecha

Juan Fajardo sentó en la campaña de 1999 las bases de la recuperación de EU en Vilagarcía


Hay políticos con puntería. Un joven Juan Fajardo se asomaba a las elecciones del 1999 con 25 primaveras, un cierto aire a Fumanchú y un empuje capaz de hacer saltar, si no los depósitos de Ferrazo, sí de sus asientos a la concurrencia que se daba cita en el mitin central de Esquerda Unida. En pleno arrebato retórico, nuestro hombre tiró de boda gitana para arrancarse la camisa y exhibir el logotipo de la Plataforma en Defensa da Ría, que vestía por debajo, entre el delirio de la parroquia esquerdista. De paso, sacó el látigo para azotar a quienes «non respectan os traballadores» (Paco Feixó), a los «prepotentes» (Javier Gago), a los «anquilosados e caducos» (Rivera) y a quienes no están preparados (a la sazón, Juan Antonio Garrido y su equipo, que acababan de asumir el marrón de liderar el PP tras el fiasco de la destitución bíblica del médico de A Pobra de Brollón, a manos del mismísimo Manuel Fraga).

Bien es verdad que Fajardo, a quien le iba el folk, el dibujo y la pintura, el baloncesto, aunque fuese chupando banquillo, y el tiro con arco, no dio en el centro de la diana aquel 13 de junio desde el que han llovido ya veinte inviernos. EU cosechó, entonces, un peor resultado que en los anteriores comicios municipales. Sin embargo, la semilla quedó más que sembrada a lo largo de una campaña en la que el nuevo candidato lo había dado todo. Germinó cuatro años después, al recuperar la representación del viejo PCE en la corporación local de Vilagarcía. Y eclosionó en la cita del 2007, cuando la formación situó a tres concejales en el salón de plenos, con su portavoz convertido en la referencia del discurso cañero por la zurda.

Después llegaron Alternativa Galega de Esquerdas, el escaño en el Parlamento de Galicia, el trabajo dentro de En Marea... Y el maremoto que se llevó por delante la estructura de EU en Vilagarcía junto a buena parte de su militancia. Ya en plena era postmareal, con la izquierda rupturista rindiendo tributo a Brian, cristaliza la apuesta por En Común. Los buenos arqueros nunca están de más, ya sea en su versión clásica, tipo Robin de Locksley, vistan el traje ceñido de Ojo de Halcón o afinen la puntería de Cupido para seducir al electorado.

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