A Illa aplica la vacuna antifurtivos

Más de 600 escolares participarán en un proyecto de la OPP-20 y Piragüilla para enseñarles a valorar el marisqueo


a illa / la voz

Durante los meses de verano, las playas de A Illa se convierten en un refugio ideal contra los excesos caloríficos de la estación. Los arenales se llenan de veraneantes entre los que se camuflan los furtivos de bañador. Una especie que, lejos de estar en peligro de extinción, parece reproducirse y hacerse cada vez más fuerte, más desvergonzada. Para luchar contra ese tipo de furtivismo, la cofradía de A Illa ha recurrido a todas sus armas. Las mariscadoras, bien identificadas, se dejan los ojos mirando la línea de costa, pendientes de cualquier gesto extraño. No funcionó. Así que el verano pasado decidieron completar ese esfuerzo con una buena dosis de humor. Carlos Blanco y Touriñán les echaron una mano, y protagonizaron un vídeo en el que, con mucha retranca, explicaban el problema e intentaban despertar la conciencia de los furtivos de bañador.

Pero ni con esas. Así que este año, a través de la OPP-20, las mariscadoras han decidido buscar unos nuevos aliados: los niños. Y para eso, cuentan con el apoyo de Piragüilla, una empresa de turismo sostenible que, durante los próximos días, sacará a las playas a unos seiscientos escolares de toda la comarca, a los que pretenden inculcar el respeto que el trabajo del mar se merece. Es una vacuna antifurtivos ya que, descubriendo el valor del trabajo de las mariscadoras, toda esta rapazada sabrá, al crecer, que el mar es de todos, pero el marisco es de quien lo trabaja, de quien lo siembra y de quien lo cuida. A largo plazo la inversión parece bien hecha. Y no desdeñen la importancia que esta medida pueda tener, incluso, este verano. Porque no hay conciencia que resista la mirada de desaprobación de un niño cuando descubre a un adulto haciendo algo que está mal, muy mal.

Marta Iglesias, la responsable de Piragüilla, aseguraba ayer estar muy ilusionada con la puesta en marcha de este proyecto. Arranca hoy mismo, en O Cabodeiro, con un buen puñado de escolares isleños. Y es que, «aunque pensamos que por ser de aquí ya saben todo lo que tienen que saber, de eso nada». Así que la lección empieza por los de casa, a los que se les enseñará a reconocer los distintos tipos de almeja y algunas de las claves del trabajo de las mariscadoras. Luego se irán a casa con un regalo: un libro protagonizado por un divertido trasno que les explicará muchas cosas sobre la seca y sobre los ladrones de marisco, y una mochila con un lema muy isleño, «Prohibido mariscar de todo», y muchas experiencias que a buen seguro no van a olvidar nunca.

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