Los vecinos están que trinan ante la solución para arreglar el vial; una gravilla muy resbaladiza que llena de piedras las aceras
20 nov 2018 . Actualizado a las 05:00 h.«Con lo que nos costó que nos pintaran el paso de peatones en la parada de autobús y ahora nos lo taparon», se lamentaba una vecina de Bamio. Ese problema es, sin embargo, el menor y el de más fácil solución de los que han traído las obras de asfaltado del vial PO-192. Unas obras extrañas, que han dejado el lugar lleno de una gravilla que invade aceras y fincas y que constituye todo un peligro porque parece cualquier cosa menos segura.
De su peligro bien sabe un vecino, ciclista habitual, que probó la dureza del suelo prácticamente el primer día que comenzaron los trabajos, al derrapar su bicicleta sobre la gravilla. Lo cierto es que un paseo con el coche desvela que las piedrecillas van hacia todos lados. El ruido es importante y conviene tomar precauciones con los vehículos que te preceden, a riesgo de que la luna del coche sufra algún impacto.
En realidad, todo el proceso de asfaltado dejó muchas más molestias que las habituales en estos casos. La señalización brilló por su ausencia en algunos tramos y hubo momentos en los que, según denuncian algunos vecinos, los dos carriles de circulación estuvieron cortados, con lo que prácticamente estaban encerrados en sus casas sin poder sacar el coche. Hubo quien tuvo que dar marcha atrás durante un buen tramo en un vial cuesta arriba y con poca visibilidad porque no le permitieron entrar al que estaba siendo reparado. Ni en un sentido ni en el otro.
Los vecinos temen que con la llegada de las lluvias todo se convierta en un terreno todavía más resbaladizo. Lo cierto es que ayer se podían juntar sin mayores problemas los montones de gravilla que cada cual quisiera porque está por todos lados. Cada vez, es verdad, en mayor cantidad sobre las aceras y también llegan a las fincas que rodean el vial.
La sensación en Bamio, en fin, es de cabreo generalizado ante una situación que no acaban de entender. En realidad, el gran problema que tienen por allí, que es el de la seguridad de los peatones en un vial muy transitado y por el que muchos vehículos pasan a una velocidad más que notable, sigue sin resolverse. La conexión con el nudo de O Salgueiral sigue en el aire y la zona es un auténtico peligro porque por la PO-548 pasan catorce mil vehículos al día.
Además del paso de peatones -ahora tapado, suponen los vecinos que solo temporalmente, por el material que los operarios han depositado sobre el vial-, el otro pequeño gran triunfo que habían conseguido en Bamio era la instalación de los semáforos... que no han comenzado a funcionar todavía. Fue Ravella quien compró los dispositivos y quien se encargó de su instalación. Esto sucedió nada menos que en el mes de junio, pero desde entonces nadie le ha dado al botón para encenderlos.