«Da rúa de copas de Vilagarcía só había un bar que non vendía Winston de batea»
AROUSA
Román Navia reconoce que era el negocio perfecto, implicaba menos trabajo que poner copas y estaba libre de impuestos
07 mar 2018 . Actualizado a las 11:45 h.«O único bar que non vendía tabaco de contrabando nos anos noventa era o Xesteira». Román Navia sabe bien de qué habla: aunque ahora esta jubilado, fue propietario de una esas tabernas que se encuentran en la todavía calle de vinos por excelencia de Vilagarcía: A Baldosa, mismo nombre que su bar. Es en esta calle donde pone el foco, un foco que si se amplía no muestra una imagen muy distinta. En la cocina, o debajo de la barra, guardaba el tabaco que vendía por cajetilla o por cartones. «Despachaba cinco ou seis cartóns á semana», indica. Unos ingresos a mayores con los que pagaba las facturas y demás gastos relacionados con el bar: «Hai xente que amasou fortunas, pero non coa venda polo miúdo».
Navia reconoce que el Winston de batea era el negocio perfecto. Implicaba menos trabajo que poner copas y estaba libre de impuestos. Y sin riesgos. «Levabas o tabaco na man e non pasaba nada». Ahora es Javier Rodríguez, que trabajaba por aquel entonces en el bar Xentes, quien lo afirma. Ambos coinciden al señalar que el mayor problema que podían encontrarse era el decomiso del tabaco. Por eso, Navia no sé atrevió a guardar en su casa más de dos cajas: 40.000 pesetas ya hubieran sido una pérdida considerable. Por lo demás, todo normal. Tanto que otra vecina de la ciudad recuerda la boda en la que regalaron a los invitados cajetillas de Winston de batea. Todos coinciden: no era necesario gastar esfuerzos en disimular.
Otro cantar, tal y como añade un cuarto vecino de la capital arousana, eran los contrabandistas: «Aí si había, cando menos, algo de vixilancia». Recuerda como una noche un hombre entró en un bar montando jaleo. «Resulta que lles pegara dous tiros aos focos do coche da Garda Civil que o perseguía por unha pista e quería deixar proba de que estivera de bares», rememora. Nada que le pillase por sorpresa. Como el Winston de batea a la venta en cada bar.