¿Sabían que hasta se ofrecen penes de cera en los santuarios? Xosé sí lo sabe; él estudia los exvotos religiosos
15 dic 2017 . Actualizado a las 05:00 h.Xosé Fuentes Alende pudo haber sido carpintero. Quién sabe si hubiese dado un excelente maestro del martillo y los clavos. Pero el guion establecido para su vida cambió completamente el día que en su existencia se cruzó una beca de 10.800 pesetas de los años sesenta que, dicho sea de paso, no daba para mucho más que para los lápices de estudiante. Entonces, cuando ya estaba todo previsto para que se pusiese el guardapolvos azul, Xosé, que había nacido en una casa de labradores, dejó Cuntis para estudiar en Pontevedra. Aprobó todo lo que tenía que aprobar para seguir becado. Y tuvo incluso la oportunidad de marcharse a Santiago a hacer una licenciatura. Pero decidió no arriesgar -«tiña medo a que perdera a beca por calquera cousa e meus pais tiveran que cargar con todos os gastos», recuerda- y se quedó cursando Magisterio en la ciudad del Lérez. En su camino se cruzó muy pronto el Museo Provincial. ¡Y de qué manera! Lo resume él rápido, ahora que disfruta de la jubilación: «Empecei dende o máis abaixo, de bolseiro, pasei a subalterno, a auxiliar... ata que me presentei á oposición, despois de cursar a carreira de Xeografía e Historia, e fun secretario técnico». Efectivamente, hizo de todo en la institución a la que llegó en 1969 y no se marchó hasta la jubilación. Fue en 1987, mientras hacía de comisario de una exposición, cuando topó una auténtica pasión: los exvotos religiosos. Lleva desde entonces investigando sobre ellos. Y acaba de ganar un premio, el Olimpio Arca de Cuntis, gracias a sus averiguaciones sobre esta tradición en Galicia.
Lo de Xosé con este premio que acaba de ganar fue como encontrar la aguja en el pajar. Porque tuvo que comprimir los 500 folios que ya tiene escritos sobre los exvotos en solo 60. Lo hizo. Y venció. Ahí es nada. Antes de empezar a escribir, Xosé se puso a recorrer Galicia. Visitó y visita buena parte de los santuarios para investigar sobre los exvotos. «Trátase de saber en que consistían eses pactos que se facían e se fan cos cantos. Os que se ofrecían entregaban o exvoto e comprometíanse a cumprir con algo, case sempre a entregar algún ben ou ir descalzo a unha romaría, por exemplo», empieza diciendo Xosé.
Los cuadros que lo dicen todo
En distintos santuarios se encontró con unos cómplices en forma de cuadros. Resulta que hasta comienzos del siglo XX se colgaban pinturas en los lugares de culto informando de qué y quién había donado, qué era lo que pedía y qué le ofrecía al santo. Era una especie de propaganda de los pactos con las divinidades. Hay cuadros de ese estilo en sitios como A Escravitude, en Padrón o en el santuario de As Ermidas, en O Bolo. Así fue cómo Xosé fue averiguando que, contra lo que se creía, no solo las personas pobres hacían ofrendas, sino que había gentes pudientes que a cambio de un favor del santo entregaban valiosas figuras de plata, bueyes, un buen número de gallinas o cantidades de cereal. Le llamó la atención el caso de un rapaz, retratado en uno de esos cuadros. Para que sanase, su familia ofrecía tanto grano de cereal como kilos tenía el chaval.
A Xosé también le llama la atención los exvotos en sí mismos, las figuras de cera o el objeto que se entregue para quedar en los muros o dentro del santuario. Dicen que son un espejo de los tiempos que vivimos. De hecho, cuenta que si antes lo más común eran los brazos, las piernas o las cabezas de cera, hace unos años que empezaron a verse también
«moitos órganos, tanto riles como fígado».
Xosé incluso tiene documentado que también se entregan penes de cera, quizás para pedir favores relacionados con la fertilidad, cree él. Y cuenta anécdotas curiosas: «
Tanto en
Lérez
como en Amil vin, xunto ás outras figuras de cera, unhas bolsas de plástico azuis cunha figura de cera dentro. Non as abrín por respecto a quen as puxo, loxicamente, pero si que da a sensación de que se trata de penes. Os exvotos van cambiando cos tempos. Antes pedíanse cousas case sempre relacionadas con enfermidades, agora tamén se nota o problema do paro. Sobre todo nótase que moitos maiores piden traballo para a xente nova». Xosé
investigó especialmente los exvotos relacionados con los marineros. Y cuenta que lo habitual es entregar maquetas de barcos. Entonces, narra otra anécdota curiosa: «
En Amil, no medio de outras moitas maquetas, hai unha dun caiuco senegalés. A min entrañoume curiosidade que estivese en Amil porque o cristianismo é minoritario alí».
El entierro en Cotobade
Tras ganar el Olimpio Arca, un premio que le emociona porque conocía bien a la persona que le da nombre
-«un home excepcional, co que me sentía da familia»,
dice
-,
Xosé sigue dando forma a lo que espera que algún día sea una publicación más grande sobre los exvotos. Dice que la pasión se fue forjando por dos cosas; el hecho de que no hubiese nada publicado al respecto y la religiosidad que lleva dentro. Cuenta que va a misa los domingos y, en clave retranqueira, apostilla: «
Con iso dano non se fai».
Luego, uno le pide que narre algo de lo que se sienta orgulloso de su paso por el museo y Xosé cuenta una anécdota que le retrata bien. No habla de las investigaciones, de las exposiciones, de qué logró tal o cual... Sencillamente habla con emoción del día que fue a un entierro de un pariente de su nuera a Cotobade, y después una persona le comentó a su hijo:
«Estivo aquí o que foi secretario do Museo de Pontevedra, ¿coñécelo?».
Y su hijo le dijo que sí, que era su padre. Entonces, el hombre afirmó: «
Pois teu pai tratoume de marabilla cando cheguei ao museo pedindo unha información»
. Dice Xosé que eso es lo mejor que se lleva; la sensación de haber tratado bien a los que tenía cerca. Quizás por ello ahora sonríe cada pocas palabras, y se le nota sereno, a gusto: feliz.
Recorrió buena parte de los santuarios gallegos observando qué y quién se ofrecía