Los restos de cristales desvelan que los robos siguen lastrando un lugar espectacular
02 oct 2017 . Actualizado a las 00:11 h.Miércoles, cinco de la tarde. Una familia pasea por el entorno del mirador de Lobeira. Uno de sus miembros se acerca al periodista y a la fotógrafa y lanza una advertencia:
-Coidado co que deixades no coche. Haiche unha mafia de merda por aquí.
La conversación posterior desvela que era la segunda vez en veinticuatro horas que se acercaban al lugar. La primera se saldó con las ventanillas del coche rotas y la desaparición de alguna cartera. De hecho, han vuelto al lugar de los hechos con la esperanza de recuperar la documentación.
El aparcamiento del mirador de Lobeira desvela que los afectados de esta semana no han sido los únicos en los últimos tiempos. En varios lugares se aprecian restos de cristales que dan pistas de que el robo en los automóviles es más que frecuente. Se echa de menos alguna señal que advierta a los visitantes sobre las andanzas de la «mafia».
No es muy frecuentado el lugar por los vilagarcianos y la persistencia de los robos en los vehículos es, probablemente, una de las causas. Unos robos que se repiten desde hace décadas y a los que nadie consigue poner freno.
El vial de acceso ya enseña que no es la carretera más frecuentada de la comarca. Las hierbas saltan del arcén a la calzada y, pese que en la senda peatonal se puede ver que hay esfuerzos por limpiarla de la vegetación, en algunos tramos no se ha conseguido.
La zona del aparcamiento no está especialmente cuidada pero hay lugares peores. Faltan trozos de la valla que da acceso a las escaleras que conducen al mirador y la basura, de todo tipo, se deja ver sin dificultad.
El tramo de escaleras que dan acceso al mirador es de lo mejor. Evidentemente, siempre hay algún vándalo que deja sus huellas en forma de pintada o también con la absurda moda del candado. Alguno se lo trabajó, porque perforó la barandilla para colocar su particular estupidez.
Las vistas al coronar la subida compensan todo lo demás, incluso en días nublados. El problema es que pensar en lo que puede pasarle al coche no permite disfrutarlo al máximo. Nosotros tuvimos suerte.