«La gente extraña ese olor a tinta recién impresa; y yo, también»

El ilustrador argentino, creador de La saga de los Metabarones, es uno de los grandes invitados en el Curtas Film Fest


vilagarcía / la voz

Juan Giménez (Mendoza, Argentina, 1943) es uno de los grandes en el mundo del cómic. Parte de su obra se puede ver en la sala de exposiciones Rivas Briones. Llega a la cita con un ligero retraso porque dos compatriotas le han reconocido y lo pararon en la calle para charlar con él. «Uno trata de hacer su trabajo lo mejor posible, y encima, te lo reconocen. Eso es fantástico. No he dicho que te lo paguen bien, pero el halago es magnífico», bromea.

-En una entrevista para un periódico es obligado comenzar por el cambio de modelo, que afectará también al cómic en particular y al mundo de la ilustración en general. ¿Cómo se vive?

-Cuando empezó todo esto había la esperanza de que fuera una nueva arma para publicar pero a medida que pasaron los meses la cosa volvió a sus cauces. La gente extraña el olor a tinta recién impresa; y yo también pero reconozco que es el futuro.

-¿Cambia esto el proceso de trabajo?

-Afortunadamente, por mi antigüedad en la profesión, y lo digo con un poquito de orgullo, soy más veloz dibujando a mano que con el ratón, pero lo uso como una herramienta más. Hago el trabajo de una manera tradicional y luego lo escaneo. Y ahí retoco, mejoro, sin desvirtuar el trazo erróneo que se hace a mano, que es lo que le da esa plasticidad que antes se llamaba error.

-¿Han traído los nuevos tiempos más autocensura?

-He vivido en lugares donde había censura. Parecía que no, porque la ciencia ficción estaría muy alejada del mundo contemporáneo, pero poníamos grandes toques para sortearla que dependían de la valentía del guionista.

-¿O sea que esa aparente lejanía era útil?

-Muy útil porque pasaba desapercibido pero la gente interesada podía sacar sus conclusiones. Había una intención. Con los últimos hechos en Charlie Hebdo la libertad de prensa ha salido bastante machacada. Allí, un colaborador mutuo, un guionista con el que trabajé (Richard Malka), se salvó de casualidad.

-¿Qué tal se lleva con los guionistas?

-Primero tenemos que ser amigos porque la química aparece cuando hay una complicidad. El guionista, por lo general, es un dibujante en la trastienda. A veces nos eligen porque tienen afinidad con la técnica que uno usa.

-Trabajar con uno como Jodorowski tiene que ser toda una experiencia...

-Ya lo creo. Cuando me lo presentaron me encuentro con un tipo de buena presencia pero que estaba vestido absolutamente de morado. Todo. Calcetines, zapatos, traje, camisa, corbata, gemelos... y eso me cohibió mucho más todavía. Luego, cuando me empezó a hablar, me di cuenta que era un tipo normal. Tiempo después le pregunté por qué estaba vestido de morado. Y me contestó: ‘Es por la envidia. Con esto rechazo la envidia’. El tema es que resultó una persona muy cercana, superinteligente, y apareció esa química de la que hablábamos. Es un tipo que tira muy bien el tarot. Me analizó las pupilas, como en Blade Runner, y me dijo: ‘Juan, tienes toda la libertad del mundo’. La única condición que le puse es que me diera toda la historia junta porque normalmente iba por páginas. Le dije que yo lo esperaba tranquilamente, pero que prefería saber cómo iba a morir el protagonista, de qué manera atroz lo iba a hacer. Lo entendió y me mandaba los guiones completos. Cuando voy leyendo ya lo voy dibujando. Él me hacía algunas referencias porque también fue dibujante y sabía de qué hablaba. Yo le respetaba todo. Hasta los puntos y coma. Solo altero el ritmo.

-¿En qué momento se encuentra la ciencia ficción?

-Hay que adaptarse. Cuando vi el avance del manga sutilmente adapté lenguajes. Sobre la pregunta, creo que los directores de cine, muchos de ellos lectores de cómic, han absorbido el sector. Con la ventaja del color, el 3-D, etc. Un calco del cómic pero con palomitas.

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