Desde que Alberto Varela tomó posesión del bastón de mando, en junio del año pasado, se han ido dando una serie de pasos sucesivos que, de alguna forma, prefiguraban lo que ha sucedido. La decisión de la Autoridad Portuaria de otorgar un local a la Armada en el edificio de la antigua Comandancia Naval cayó como un jarro de agua fría en el nuevo gobierno local, que reclama los terrenos para gestionar en ellos la construcción de un nuevo ambulatorio. El martillo volvió a golpear en el mismo lado con otra medida similar, que el consejo ratificó el jueves: la cesión de una dependencia en el mismo edificio a favor de la Asociación de Jóvenes Empresarios.
Pero lo que verdaderamente ha indignado al regidor socialista y a su equipo es la explicación, que Sagrario Franco ofreció a sus consejeros sobre sus planes para el futuro de O Ramal. La presidenta considera que el uso abierto a la ciudadanía es compatible con algún tipo de actividad de ocio que, en la parte central del muelle, podría gestionarse a través de concesiones. En principio, Varela se mostraba dispuesto a negociar, reconociendo el derecho del Puerto a buscar un cierto aprovechamiento. La insistencia en el hotel, sin embargo, ha traspasado las líneas rojas de Ravella, que interpreta esta actitud como una suerte de mano de naipes en clave de se construye el hotel o el muelle no se libera.