A paso de carro
AROUSA
El objetivo de la Certificación Forestal (CF) fue crear un sistema para que los consumidores de productos puedan asegurarse de que provienen realmente de una Gestión Forestal Sostenible (GFS). Así, toda Europa adopta los Criterios de GFS, que son: el crecimiento de los recursos forestales y su contribución a los ciclos globales del carbono, el mantenimiento de la salud y vitalidad del bosque, la potenciación de la funciones productivas (madera y no madera), la conservación de la diversidad biológica, la mejora de las funciones de protección (sobre todo, suelo y agua), y el impulso de las funciones socioeconómicas.
Galicia ha conseguido certificar unas 160.000 hectáreas bajo el sistema PEFC y unas 30.000 bajo el FSC (2015). Sin embargo, existen algunas sombras en el proceso. Por una parte, esta superficie es muy baja con respecto al potencial certificable, cerca de un millón de hectáreas. Es obvio que el primer impulsor de la CF deben ser los gobiernos regionales, sin embargo, la superficie certificada en las 300.000 hectáreas, cuya gestión corresponde a la administración forestal gallega, no llega al 30%, solo bajo un sistema, y en franco retroceso en los últimos años. Por otra parte, el minifundio de la propiedad forestal particular dificulta enormemente el procedimiento de CF. Este hecho ha obligado a desarrollos específicos, como el soporte técnico de nuestro propio Grupo de Investigación, que ha facilitado la CF en varios miles de parcelas de familias gallegas.
El problema que genera la ausencia de monte certificado es que, con su implantación generalizada en Europa, los transformadores de la madera, receptores de la demanda de los consumidores, exigen a los propietarios materia prima certificada. Si no la hay en suficiente cuantía, la han de importar, relegando nuestros recursos a aplicaciones marginales, haciendo nuestro monte poco competitivo. En este escenario, se entiende prioritario conseguir la CF de nuestras masas arbóreas, obligándolas así a ser manejadas acorde con los Criterios de GFS antes mencionados. Con ello, no sólo se logrará una selvicultura adecuada a sus potencialidades, preservando todas sus funciones socio-económicas y servicios ecológicos, mostrándose además bien defendidas de los incendios, sino que se revalorizarán, constituyendo fuentes estables de riqueza y empleo, frenando su dramático abandono.