Lo suyo es puro teatro pero se atreve también con el cine. Olga González firma su primer largometraje como actriz
24 ene 2015 . Actualizado a las 04:55 h.«Se me chaman, vou». Y fue. Olga González Vilas, acostumbrada a dirigir, se puso esta vez detrás de las cámaras para participar en su primera película, que no trabajo audiovisual. Hace un par de años tomó parte en la grabación del documental Entreparadas, en el que bajo la dirección de Toño Chouza encarnaba a uno de los personajes que llevaban el teatro en los autobuses urbanos. El año pasado quien la llamó fue la productora Niños grandes para formar parte del reparto de La declaración de los objetos, escrita y dirigida por Cristóbal Arteaga. El rodaje ya concluyó pero la película aún no se ha estrenado, de manera que habrá que esperar todavía unos meses para ver a la cambadesa en acción. Olga encarna a Nuria en una historia que reflexiona sobre dos grandes temas: el maltrato en parejas homosexuales y la doble moral de la sociedad actual.
«É un papel pequeno pero moi importante», explica la cambadesa. «Foi unha experiencia moi bonita. O cine é moi duro, o de ir gravar, esperar, cambiarse...». En su caso fueron cuatro intensos días de grabación «nos que o pasei moi ben». Y ya puestos, ¿la veremos alguna vez dirigiendo cine?, preguntamos. «Nunca é tarde para aprender, pero non», señala rotunda. De momento, prefiere el clima de los escenarios. Actualmente está inmersa en los ensayos de Teatro Caracol, un grupo que, un curso más, vuelve a preparar una obra hecha por papás para alumnos de Primaria. Se cuentan por miles los niños que en las dos últimas décadas han soñado y reído gracias a los montajes de Olga González. Habrá que esperar al 13 de abril para disfrutar de su particular Batman.
Entre tanto, su último compromiso es con A morte de cine, un trabajo a caballo entre el teatro y el celuloide que comparte con su hijo Matías, un bailarín que también es profeta en su tierra.