«Es una vergüenza como está aquello, el Concello debería tomar medidas de una vez», afirma el presidente del Vilagarcía
07 ene 2015 . Actualizado a las 04:59 h.«Se ve a ojos vista. Solo hay que ir y verlo. Es una vergüenza como está, el Concello debería tomar medidas». Manuel Santiago es el presidente del Vilagarcía, uno de los clubes que realizan su actividad en el campo de fútbol de Berdón. En su caso, de forma íntegra, por lo que día sí y día también acuden a la zona para hacer los entrenamientos o jugar los partidos y son de los principales damnificados por el lamentable estado de lo que se está convirtiendo en una auténtica cochiquera.
Luis Treviño, de la Escuela Deportiva Arousa, ha tomado una decisión más drástica. «Nos hemos buscado la vida para entrenar en Corón. Solo entrenamos allí un par de horas a la semana», afirma el técnico de la EDA.
El estado del lugar, con los escombros haciéndose con un hueco cada vez más importante, va camino de derivar en una zona de riesgo sanitario. «Cuando vas a buscar algún balón al pinar de detrás del campo te encuentras de todo: jeringuillas, preservativos...», explica Treviño. La directiva del Vilagarcía ya ha prohibido a sus jugadores que se acerquen por allí. «Vamos nosotros a por los balones porque hay de todo por allí», insiste Santiago.
Todas las miradas se dirigen al asentamiento gitano que está prácticamente pegado al campo y que parece crecer a cada día que pasa. «La solución es muy complicada. La única que veo es sacar de allí el campamento», afirma Treviño, que apunta que limpiar la explanada solo serviría de solución parcial porque enseguida volvería a estar invadido por residuos de todo tipo.El técnico se abona, sin embargo, a este remedio aunque fuese momentáneo. «Podrían mandar a una cuadrilla alguna mañana para adecentar la zona. No es pedir mucho», sugiere el técnico.
El lugar dista mucho de ser una perfecta zona de bienvenida para los muchos visitantes foráneos que cada fin de semana se acercan para jugar algún partido con sus equipos. «Los padres que vienen de fuera sí que nos comentan que es una vergüenza como está todo y nosotros les decimos que no podemos hacer nada», explica Manuel Santiago. El paraje no invita a regresar salvo por imperiosa necesidad. Rodeado de televisiones destrozadas, restos de bañeras quemadas e incluso hasta un sofá parece cualquier cosa salvo una zona deportiva. La presencia de ratas completa un panorama desolador al que Ravella no parece tener interés en poner remedio.