No es la primera vez que el Estado español recibe un tirón de orejas desde Europa por la deficiente depuración de sus aguas residuales. Un problema especialmente grave cuando lo que se tiene entre manos es la mayor despensa pesquera del continente. No han faltado anuncios desde la Xunta para tratar de poner remedio a las carencias de la mayor de las poblaciones que baña la ría de Arousa. Sucede que jamás se han materializado y la espera se ha hecho eterna en este sentido.
El primero de esta secuencia de compromisos incumplidos data de enero del 2007. Mandaba en la Consellería de Medio Ambiente el socialista Pachi Vázquez, que tras mantener un encuentro de trabajo con el entonces regidor, su compañero de filas Javier Gago, mostraba su intención de ampliar la estación depuradora de Ferrazo y cambiar los colectores de saneamiento de la capital arousana.
Gago recordaba, a este respecto, por aquel entonces que las instalaciones se remontaban a su propia etapa en el departamento autonómico, lo que daba cuenta del estado de obsolescencia de la red con la que contaba Vilagarcía. En aquel tiempo se implantó el pretratramiento y se construyó la estación, pero el sistema de impulsión seguía siendo el mismo casi veinte años después.
Los once millones del 2013
Los mandatarios socialistas esperaban que el proyecto estuviese redactado y licitado a tiempo para que las obras se iniciasen a lo largo del 2008. Ni fue así ni el Gobierno posterior de la Xunta, comandado ya por el popular Alberto Núñez Feijoo, retomó aquel esbozo. El Partido Popular tenía, sin embargo, su propia hoja de ruta para el saneamiento de la ría. Y, en concreto, de Vilagarcía. Agustín Hernández, hoy alcalde de Santiago y durante dos mandatos conselleiro de Infraestruturas e Política Territorial, visitaba la capital arousana en el 2013 para anunciar una inversión de once millones que debía acabar de una vez por todas con el problema de los vertidos.
El caso de O Con
Los servicios técnicos de la Administración gallega habían detectado 74 puntos negros en la red de la ciudad, con una especial incidencia en el cauce del río de O Con. El sistema de bombeo y sus cincuenta dispositivos tampoco estaban precisamente para echar cohetes, pero aquel esfuerzo corrió la misma suerte: nada.