Los secretos del superávit

Serxio González Souto
serxio gonzález VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

MARTINA MISER

Presupuestar por lo bajo los tributos del Estado le ha reportado a Ravella un margen de 600.000 euros para cuadrar sus cuentas

04 ene 2015 . Actualizado a las 04:59 h.

Si en realidad existe un arte de lo posible, no parece que se trate tanto de la política, siguiendo la definición clásica atribuida a Aristóteles, como de la contabilidad. Acostumbrado a observar cómo los amanuenses de las cuentas son capaces de lograr maravillas equiparables a la cuadratura del círculo cuando se trata de poner y quitar partidas presupuestarias, el personal ya apenas presta atención a este tipo de movimientos. Sin embargo, en ocasiones resulta interesante profundizar en algunas sencillas prácticas que pueden aportar resultados de relumbrón para el lucimiento de los gestores municipales sin necesidad de sudar demasiado la camiseta. Una de ellas consiste en moderar las previsiones sobre la participación del Concello en cuestión en los tributos del Estado, que distribuye sus dineros en función de la población de cada Ayuntamiento y las competencias que a la Administración local le toca desempeñar. Siguiendo este simple precepto, el bipartito conservador que gobierna Vilagarcía ha obtenido en tres años un margen de 600.000 euros con los que redondear sus cifras y reforzar su imagen en materia económica.

Que el popular Tomás Fole y su equipo recogieron un testigo más que maltrecho desde el punto de vista económico no es ningún secreto, después de dos ejercicios con presupuestos prorrogados, en los que los ingresos del Concello no hicieron sino disminuir mientras los gastos se mantenían. De acuerdo con la liquidación del 2011, cuando el PP recupera la alcaldía y prepara su pacto de gobierno con Ivil las previsiones heredadas hablaban de que Vilagarcía recibiría 6.800.000 euros del Estado. El cálculo correspondía a la coalición PSOE y BNG y se demostró demasiado optimista, ya que en realidad las arcas municipales percibieron del orden de 653.000 euros menos.

El nuevo gabinete popular bajó el pistón en una medida importante. Los primeros presupuestos planificados y ejecutados por la gaviota redujeron sus previsiones en este capítulo a 5.931.000 euros. Y la realidad le vino a dar la razón pues la contribución estatal a la capital arousana se quedó 91.406 euros por debajo de aquella cifra en el 2012. A partir de entonces, calcular por lo bajo no dejó de deparar alegrías contables al bipartito conservador.

Un año más tarde, en el 2013, la fórmula funciona a la perfección. Ravella presupuesta 5.986.240 euros pero acaba ingresando 6.556.084,26 euros procedentes de los tributos del Estado. Un margen positivo de 569.844 euros que no viene nada mal. Para empezar, y esta es una cuestión que acaba de aprobarse, el Concello destinará 555.477 euros del superávit de aquel mismo ejercicio a la cancelación de los intereses detraídos por el monumental fiasco de Luz Salgada.

Algo cambia a partir de aquel momento, puesto que PP e Ivil ganan en optimismo para el 2014 y establecen una previsión bastante superior, de 6.552.720 euros, a la que los tributos del Estado responden con un subidón equivalente, aportando 123.032 euros más de lo previsto por Ravella. ¿Y para el ejercicio que acaba de inaugurarse, con elecciones a la vuelta de la esquina? Populares e independientes recuperan definitivamente el nivel que PSOE y BNG exhibían en el 2011, también año electoral, por cierto, y presupuestan 6.833.109 euros a cuenta de los tributos estatales.

Esto, por lo que respecta a las grandes cuentas. ¿Qué sucede al nivel del bolsillo del contribuyente? Bien, pues pese a que las principales tasas e impuestos se han congelado, siguiendo otro clásico precepto del manual del gobernante ante los comicios, cada vilagarciano tendrá que pagar este año 400 euros al Concello por sus servicios, lo que supone un incremento del 4,4 % con respecto al 2011 cuando en el mismo período el IPC subió un 3,7 %. El gobierno actual, en definitiva, ha aumentado la presión fiscal por encima del coste de la vida. Y ahí no hay maquillaje que valga.