«Si me quedo quieto, me muero»

Rosa Estévez
rosa estévez VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

Estudiaron carreras universitarias y se ganaron su título. Sin embargo, la vida los ha empujado de vuelta a las clases para intentar encontrar nuevas oportunidades laborales

21 sep 2014 . Actualizado a las 04:59 h.

Begoña lleva varios días con la cabeza hecha un bombo y el estómago cerrado. «Estou nerviosísima», explica. La culpa de ese estrés que la acompaña de la mañana a la noche es la vuelta al instituto: acaba de iniciar el ciclo medio de Coidados auxiliares de enfermería en el instituto Castro Alobre. Su título de licenciada en Filología Inglesa no le ha servido de gran cosa desde que dejó la Universidad, hace ya catorce años. Así que después de dar tumbos de trabajo en trabajo, ha decidido volver a clase y matricularse en la Formación Profesional. Este paso, dice, es «un acto case desesperado a ver se dese xeito consigo atopar un emprego digno». Begoña trabaja a tiempo parcial dando clases de inglés en una academia, tiene una hija pequeña y una casa que atender. Muchos frentes abiertos para una mujer que se ha decidido a probar suerte en las aulas «polas circunstancias. Porque o instituto quedábame ao lado da casa, porque coñezo xente que me presta os libros e non vou ter que gastar en material, e porque penso que vou ampliar o currículo e sacar algo en limpo».

Alfredo obtuvo su licenciatura en Farmacia en los años noventa. La suerte lo acompañó y encontró trabajo en lo suyo. Pero la fortuna le dio la espalda en el 2012, cuando la crisis pasó factura, también, al negocio de la venta de medicamentos. Pero Alfredo es de los que piensan que quedarse en el paro no debe significar, en ningún caso, quedarse parado. Por eso, no tardó en matricularse «en un curso de informática por nocturno». El año pasado tuvo ocasión de entrar en el ciclo medio de Aceite de oliva y vinos que se imparte en el Ramón Cabanillas, de Cambados, y no dejó escapar la oportunidad. «Mi idea era hacer esto. Es un mundo poco explotado de momento, y además tiene cierta relación con lo mío», dice. Así que ahí está, haciendo prácticas en una bodega, preparado para la vendimia que se avecina.

Mantenerse ocupados

Con alguna que otra variación, las historias de Begoña y Alfredo son muy similares a las de las decenas de personas que, pese a tener títulos superiores, se han visto obligadas a recurrir a la Formación Profesional «para intentar atopar unha formación técnica que lles facilite a entrada no mercado laboral», según explican desde el Armando Cotarelo Valledor. Y es que tener un licenciado en clase empieza a ser común en los institutos donde se imparten ciclos de FP. Unos llegan cargados de energía positiva, convencidos de que este nuevo esfuerzo académico va a tener premio. Otros, al hablar, rezuman cierto sentimiento de agotamiento, de resignación. «Yo estudio para mantener la cabeza ocupada en algo, de lo contrario estaría absolutamente quemado», cuenta Luis, un ingeniero que cursa un ciclo superior en Vilagarcía.

Volver al instituto exige, en cualquier caso, un proceso de preparación mental. «El primer día que fui a clase estaba un poco preocupado. Piensas que vas a estar rodeado de chavales y eso impone. Pero luego ves que hay más gente como tú, que necesita reciclarse, y eso te tranquiliza. La verdad es que tanto con los compañeros como con los profesores estoy encantado», cuenta Alfredo. Recuerda cómo, al iniciar este nuevo periplo, no dijo a nadie que era licenciado en Farmacia. Cuando por fin lo hizo, descubrió que había coincidido en la facultad con una de sus profesoras. El mundo, al fin y al cabo, es un pañuelo. Que se lo digan a Begoña, que no quería que nadie de su entorno supiese de su vuelta al instituto. «E nada máis entrar pola porta atopeime cun familiar. Creo que a sorpresa foi mutua», explica. Ella tampoco quería que sus profesores supiesen de su licenciatura.

Hay que hincar los codos

«Polo que sei, houbo xente outros anos que chegaba cun título superior e que viña con certos aires de superioridade, como menospreciando o ciclo, e non quería que ninguén pensase que eu tamén viña nese plan». Todo lo contrario. «Eu son consciente de que vou ter que estudar», dice. Y es que la FP de ahora «no tiene nada que ver con la de antes, o por lo menos con la idea que yo tenía de ella. Me parece que es más completa», argumenta, desde su experiencia, Alfredo.

Por mucho que estén comprometidos con sus estudios, nuestros dos licenciados reconocen que cambiarían gustosos las aulas por un trabajo. «Desde luego que preferiría trabajar», cuenta Alfredo. De hecho, a estas alturas descarta encadenar un nuevo ciclo a su currículo. «Cuando acabe este tengo que empezar a trabajar como sea, por una cuestión de pura resistencia económica», explica. De momento, estudia. «Yo, si me quedo quieto, me muero. Parto de la base de que hay que hacer algo, porque quedándote en casa, sentado en el sofá... no sé, no va conmigo», argumenta. Y tiene razón. El movimiento es el único camino hacia el futuro.