26 jul 2014 . Actualizado a las 07:00 h.
Tal y como está el patio, lo verdaderamente milagroso no es que el personal se case o se deje de casar, sino que continúe teniendo hijos. En un país envejecido hasta extremos suicidas, que jamás ha puesto en práctica un plan de apoyo a la natalidad sensato y justo, no solo pasamos por completo de las ayudas que la Europa civilizada sí proporciona a las familias con chavales, sino que nos atrevemos ahora, además, a proponer reformas legales que amenazan con retrotraerlo todo a los negrísimos años cincuenta. Aquellos pueblos de secarral castellano, en los que las mujeres se escondían bajo pañoletas de riguroso luto, deben de formar parte del sueño de algún ministro.