Arapiles se queda fuera del proyecto de humanización de la calle Ramón y Cajal
23 jul 2014 . Actualizado a las 06:57 h.Hay preguntas dignas de figurar en aquellos metafísicos anuncios que caracterizaban hace años la publicidad televisiva de las compresas. ¿A qué huelen las nubes? ¿La intersección de dos calles qué nombre lleva? ¿El de la primera, el de la segunda? Este es, precisamente, el interrogante que subyace bajo la contradicción en la que esta semana han incurrido los responsables municipales de Vilagarcía acerca de un proyecto de su propia autoría: la humanización de los últimos tramos de las vías Arapiles y Ramón y Cajal, recién peatonalizados, a fin de homogeneizar el perímetro de los jardines de Ravella. Levantó la voz el concejal independiente Cholo Dorgambide para advertir que los dineros que proporcionará la Diputación (104.000 euros) no son suficientes para tanta obra como la concejalía de Obras había anunciado días antes. Y así es, en efecto. Ayer, fuentes del Concello inclinaban la balanza del lado de Dorgambide: Arapiles se queda fuera de la intervención, que debería iniciarse una vez concluido el verano.
La confusión obedece a la distinta concepción que los departamentos de Obras y Seguridade Cidadá mantenían sobre lo que significa en realidad el último tramo de Arapiles. Creía con cierta lógica la concejalía que dirige Ana Granja que esa referencia únicamente puede apuntar al pequeño espacio que desemboca en Ramón y Cajal, el rabo corto de la L que acaba de ser peatonalizada. Pero en realidad no es así. Parece que los autores de la iniciativa, al hablar de tramo final, se referían a la intersección entre Arapiles y la calle que flanquea los jardines.
En resumidas cuentas, lo que el Concello se propone hacer cuando concluya el verano es rematar la calle Ramón y Cajal, desde la esquina del jardín de Ravella hasta su confluencia con la avenida Juan Carlos I. El asfalto será sustituido por piezas de piedra, y la diferencia entre aceras y calzada, anulada. En ello empleará los 104.000 euros que le proporciona el plan de mantenimiento de servicios de la Diputación. En cuanto a los últimos metros de Arapiles, como el cielo de aquella película, podrán y tendrán que esperar. Como mínimo hasta el 2015, que al fin y al cabo es año electoral.