Un año después de la última reunión del patronato, el recinto continúa sometido a un baile de ideas, ahora de corte musical
29 jun 2014 . Actualizado a las 06:54 h.La trayectoria de Fexdega se asemeja a una suerte de alegoría de la propia ciudad que la cobija. Un pasado dorado que, sometido al tamiz de una puesta al día en condiciones, ha acabado, sin embargo, por declinar hasta alcanzar un punto de incertidumbre tal que pocos se atreverían a pronosticar hoy en día adónde va a ir a parar o qué modelo sería el idóneo para garantizarle un futuro digno y provechoso. No es Vilagarcía la única población de Galicia en la que ocurren estas cosas. Ahí están, para demostrarlo, el cinturón de centros comarcales fantasmales de A Coruña, la nave renqueante de Área Central en Santiago o los cuarteles gigantescos de Ferrol, con los que nadie sabe qué hacer desde que todos los quintos, allí denominados peludos por la población aborigen, se licenciaron por decreto ley bajo el primer Gobierno de Aznar.
Pero no es menos cierto que el caso gana un particular dramatismo en la capital arousana, por cuanto el actual recinto de A Maroma es fruto de un consenso pocas veces visto entre las fuerzas vivas del lugar, al menos entre la mayoría de ellas. El fracaso de Fexdega se rodea, por ello, de un amargo sabor a patinazo colectivo. Por la misma razón, se diría importante que la salida del agujero se produjese como resultado de otro esfuerzo común. Seguramente contribuiría a levantarnos la paletilla a todos, aunque no parece estar el horno para bollos de este calibre. El asunto es que, tras varias peripecias como la refundación del patronato, el abandono de la Xunta y de la Cámara de Comercio y el desembarco de la Diputación de Pontevedra, Fexdega carece todavía de un modelo que permita apuntar a un objetivo. Tanto es así que las ideas siguen brotando como fuego indiscriminado, en todas direcciones.
Hacer las cosas bien y mejor
La última apuesta se centra en la reserva de una parte del pabellón para la celebración de conciertos. Algo que, de haberse abordado en el momento en el que se levantaron las instalaciones, hubiese facilitado la implantación de una acústica adecuada cuya dotación resulta, hoy, completamente inviable desde el punto de vista económico. Veremos en qué acaba el asunto, que no es descabellado. Como tampoco lo es su consagración a la práctica del deporte base, el proyecto estrella del bipartito que conforman PP e Ivil para el mandato que está a punto de concluir. Ocurre que, en un sentido u otro, incluso para hacer de la versatilidad el carácter definitorio y definitivo de Fexdega, es necesario apostar, pensarlo bien y hacerlo mejor. Y, oiga, también, por qué no, invertir un dinerillo, pero con xeito y sentidiño, no a lo loco.
Nueve millones de euros
Para resumir la cuestión digamos que existe en A Maroma un recinto de 40.000 metros cuadrados, acotado sobre una parcela que hace quince años cedió el Concello de Vilagarcía. De ellos, 10.000 corresponden a un pabellón cuya mayor parte, 8.000 metros cuadrados, se disponen en una nave completamente diáfana sin parangón en Galicia.
En julio se cumplirán trece años desde su inauguración, y un año desde que el patronato, reformado y con la alcaldía en la presidencia, no se reúne. Sumando la inversión que fue necesaria para la construcción del recinto (6.150.000 euros) a lo que cada año consumía su funcionamiento (232.000 euros) resulta que todos nos hemos gastado del orden de 9 millones de euros públicos en Fexdega. Por si fuese poco, en el mismo período la fundación generó pérdidas por importe de 891.790 euros. Y aunque no todo es negativo, pues Hacienda puso en manos de la fundación 732.000 euros limpios en el 2013, a los que habrá que dar uso, yo, desde luego, me lo haría mirar.