A priori, la idea de construir una nueva escuela infantil podría no sonar mal. Pero en este caso, al gobierno local de O Grove la propuesta de la Xunta le chirría. Primero, porque el Consorcio no da plazos para esa hipotética actuación. Segundo, porque el Concello tendría que participar en la financiación de esa obra con una cantidad que se prevé importante. Y, tercero, porque en O Grove los problemas de suelo público en el que poder levantar ese centro son sobradamente conocidos.
Además, construir una nueva escuela infantil consumiría mucho tiempo. Unos cuantos años, como mínimo, y el centro actual no está en condiciones de aguantar tan larga espera. Y es que el edificio, señala el alcalde, está «hecho un desastre». ¿Qué problemas arrastra? Pues, básicamente, todos los derivados de una cubierta en precario por la que se filtra el agua. Esto se traduce, explica Miguel Pérez, «en goteras y humedades» y en todas las incomodidades y problemas que estas acarrean cuando quienes habitan esas instalaciones son unos 75 niños de cero a tres años.
«Aunque esto es cosa de la Xunta, nosotros vamos a ver qué podemos hacer para corregir esta situación, porque esa escuela infantil está en nuestro municipio y tenemos que intentar dar algún tipo de respuesta», explicaba ayer Miguel Pérez, quien retaba al responsable del Consorcio Galego de Benestar a «acudir a O Grove y explicarle a los padres sus razones». Unas razones que no lo convencen ni a él ni a su equipo.