A menudo lo verdaderamente importante habita en lo más pequeño. Pocas cosas pueden revestir mayor entidad que la construcción del futuro sobre bases sólidas. En ello, en modelar las «pequechas, boas, fortes, traballadoras, rexas, responsables, incansables, motivadas, prontas, áxiles e prometedoras» manos de sus detectives verdes trabaja desde hace tiempo la escuela de Educación Infantil de Aralde, en Vilagarcía. A lo largo de curso, el centro ha sumado 21 investigadores: cinco de 5 años, ocho de 4 años y otros ocho de 3 añitos. Una veintena de detectives que jamás han estado solos. Sus dos maestras, los cinco profesores itinerantes y sus padres, activos y comprometidos desde el primer día, conforman una comunidad escolar capaz de llevar a cabo los más atrevidos empeños en cuanto tiene que ver con el aprecio y la protección de la naturaleza.
La gran casa de todos
Son múltiples y ricas las actividades confiadas este año a los pícaros detectives. El problema de los residuos que genera la vida diaria y la posibilidad de reutilizar muchos de ellos impulsó un taller de reciclaje muy imaginativo, que convirtió cartones en parches de pirata, envases de leche en hermosos bolsos y plásticos en un audaz tricerátops. Pero lo primero es lo primero y todo empieza por la limpieza. Del campo de fútbol, del parque, del patio, del aula, de Aralde y, este jueves, también de la playa de O Bao, en A Illa, a la que acudieron padres, alumnos y profesoras. Los investigadores cuidan de su propia fauna. De las tortugas Linda y Pinta, del pez Chuliño y las siete ranas con las que comparte estanque. Del conejo Pelusa y la cobaya Manchita. De los insectos palo y los gusanos de seda y ruda. De sus 19 pájaros y de los pollitos que pronto nacerán en la incubadora. Cultivan los pequeños su huerto y aprenden a reforestar, ahorrando por si fuese poco energía y agua. Hacen así mejor y más agradable la gran casa común: el planeta Tierra que, aunque pequeñas, está en sus manos tanto como en las de todos.