Excesos de los buenos tiempos

Rosa Estévez
rosa estévez VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

VITOR MEJUTO

El mar también tiene sus Gaiás. La hatchery de A Illa, el catamarán de Carril o la grúa de Meloxo fueron grandes inversiones ahora arruinadas

04 abr 2014 . Actualizado a las 06:54 h.

Las cofradías, como el resto, están pagando los platos rotos de la crisis. Ahora que toca apretarse el cinturón, haciéndole cada cierto tiempo un agujero nuevo, recortando cada vez un poquito más, los pósitos miran con estupor obras e inversiones realizadas hace años y que, con el paso del tiempo, se han revelado o innecesarias, o inútiles, o simplemente demasiado grandes. Son los «gaiases do mar». Así los han bautizado algunos mariscadores arousanos, que no dan crédito al grado de decrepitud que han alcanzado obras en las que en su día se invirtieron ingentes cantidades de dinero y que fueron presentadas como banderas de modernidad, como llaves de un futuro de éxitos.

Quizás el más emblemático de esos gaiases marítimos sea la hatchery de Punta Quilma. Las instalaciones han vuelto a ser noticia esta semana: los ladrones acuden a ella con una frecuencia inusitada. Se han llevado material allí almacenado, el cobre de las instalaciones eléctricas, el gasóleo de los tanques y hasta las puertas. Con este panorama, reconoce el patrón mayor Ángel Iglesias, reflotar la nave de Punta Quilma es una quimera.

No es que la hatchery fuese una mala idea: conseguir semilla de almeja era en los noventa, cuando se puso en marcha esta planta, una necesidad acuciante para el sector marisquero. Y lo sigue siendo. Precisamente por eso, A Illa decidió apostar por una infraestructura que nació con unos presupuestos anuales que ya superaban los cuarenta millones de pesetas. La inversión habría valido la pena si se hubiesen logrado los objetivos y si el número de mariscadores hubiese crecido como se esperaba. Pero lo cierto es que las instalaciones isleñas nunca llegaron a cumplir sus objetivos, nunca consiguieron producir toda la almeja que de ellas se esperaba, que era mucha. Y en el 2007, tan solo un mes después de que la Diputación destinase 18.000 euros a mejorar el sistema eléctrico de la planta, la OPP-20 y la cofradía decidían cerrarla.

En A Illa estudian cómo reflotar esa vieja nave. En Carril, sin embargo, están pensando en vender el catamarán Santiago Apóstol IV. El barco, 27,5 millones de pesetas flotantes, se estrenó a finales del 2001. Se iba a destinar, explicaban entonces desde el pósito, a la limpieza de los bancos marisqueros de la cofradía. Sin embargo, pocas tareas realizó la embarcación, amén de servir de de plataforma desde la que, en el 2002, se realizaron intensos muestreos en Os Lombos do Ulla. Para evitar que el catamarán acabase devorado por el mal tiempo y el óxido, en alguna ocasión se planteó la posibilidad de reutilizar el barco para tareas para las que no había sido diseñado, como el traslado de turistas a la isla de Cortegada. Pero todas aquellas ideas naufragaron.

18 años sin actividad

En O Grove, una grúa portuaria es el símbolo de las inversiones hechas sin ton ni son. Cumple esta estructura 18 años colocada en una esquina de Porto Meloxo, cubierta por una capa creciente de óxido, agotadas sus fuerzas tras los últimos temporales. «Calquera día cáenos un cacho dela enriba», asegura alguno de los profesionales del mar de O Grove. El estado de la grúa es decrépito, y no ha sido por un exceso de trabajo: la estructura solo se usó durante la marea negra del Prestige. El resto del tiempo lo ha pasado quieta, ya que en O Grove nadie se interesó por su explotación.

También hay pequeños gaiases. Como las webs que las cofradías nunca han puesto en marcha. O las máquinas clasificadoras de muchas lonjas. Son retazos de un pasado mejor, aunque mal geistionado.

El criadero era necesario. Pero se sobredimensionó y eso acabó por hacerlo inviable