De cómo tener una banda de rock y no fracasar en el intento
09 feb 2014 . Actualizado a las 06:55 h.Para que luego digan. Apenas había comenzado la conversación cuando Tío Phil pidió a Edu que bajara un pelín la música para poder oírnos con más claridad. Y eso que la escena, la reunión en realidad, fue en el Gotham Rock, uno de esos locales donde aún es posible tomar una cerveza con buena música de fondo. La cita tenía como excusa hacer un diagnóstico de la escena musical vilagarciana y a ella acuden tres buenos ejemplos. Por un lado, los miembros de Borderline 79, un grupo vilaxoanés de metal que lleva dos o tres años dando tralla y que está en plena aventura monetaria para sacar adelante su primera grabación. Aparece también Alberto Parada, Tío Phil. Uno de los personajes imprescindibles. Con un amplio historial a sus espaldas. Lleva muchos años, muchos bolos, encima. Y Gonzalo Arca. Un tipo que vive de la música, que ha decidido pagar sus facturas a base de cuerdas de guitarra.
El diagnóstico es unánime: asesinato en primer grado. Tener un grupo de música es ahora mismo toda una aventura, «una pequeña empresa», como explica Parada, que acumula pérdidas. «Cando empezamos tocabamos moito, pero agora non hai onde tocar», explica Antón Blanco, de Borderline 79. El problema es muy simple: la crisis se ha llevado por delante más de un garito con escenario y muchos de los que resisten no están por la labor de arriesgar dinero con grupos noveles. Así a bote pronto, se les ocurren dos. El Gotham Rock, en una de cuyas mesas transcurre la conversación, y La Bolsa -apenas a veinte metros en la misma calle-.
Para refrendar la impresión Artur Silveira recuerda lo que les sucedió el verano pasado, cuando hicieron un intercambio con un grupo de Santiago para protagonizar cinco bolos en cada ciudad. En Vilagarcía no fue posible encontrar tantos locales y hubo que emigrar a los concellos limítrofes.
Tío Phil explica que es muy complicado encontrar bares que contraten a grupos, que lo que se estila son solistas o, como mucho, dúos. Gonzalo Arca refrenda la sensación. «Es mucho más fácil cuando actúas solo. Por eso yo llevo un año y medio solo», bromea. Y reconoce que cuando la economía «lo permita» se planteará volver a tener una banda.
Arca es el único de los contertulios que se puede permitir vivir de la música. Ha decidido lanzarse a la aventura y dice que, más o menos, le da para ir tirando. Al contrario que los muchachos de Borderline, que lo miran con un halo de admiración, ya está de vuelta de casi todo. Sabe que lo que llegue será por su propio esfuerzo porque «tengo muy claro desde hace tiempo que no debo esperar ningún tipo de ayuda institucional».
¿Es rentable?
¿Y a los garitos les es rentable apostar por los grupos de chavales? Edu Lastra, propietario del Gotham Rock, dice que sí pero si no te vuelves loco. «Procuras encontrar la fecha adecuada para programar los conciertos. A veces aciertas y otras no», apunta. En realidad, más que para sacarle un rendimiento económico los bolos se contratan para darle un atractivo a mayores al local. Y la experiencia es un grado. Lastra, por ejemplo, ya advierte que «febrero es un mes muy malo» para este tipo de cosas.
Hablemos de los ensayos. Una vez por semana como mínimo. Y claro, ¿dónde? Los locales del auditorio han quedado en desuso por la amenaza de tener que pagar por usarlos. Y bien que lo lamentan los músicos. No solo por su innegable utilidad sino porque eran un lugar de encuentro para ellos en el que compartir experiencias y adquirir conocimientos.
Los chicos de Borderline 79, por ejemplo, ensayan ahora en casa de uno de ellos. Pero con limitaciones: «Aprovechamos cuando mi abuelo va a diálisis», dicen. Y claro, no es tan fácil porque hay que montar y desmontar todo en ese pequeño espacio de tiempo.