El alcalde de Vilagarcía ensalza como ejemplo en este artículo el acuerdo de fusión adoptado hace 100 años y pone en valor sus consecuencias
08 dic 2013 . Actualizado a las 06:58 h.En un momento en que en Galicia, en España y en Europa se habla de la necesidad de fusionar ayuntamientos, Vilagarcía de Arousa conmemora el centenario de una fusión que fue ejemplo en Galicia, en España y en Europa. Y eso es motivo de doble celebración. Porque si la unión de dos municipios no es fácil llevarla a cabo, hacerlo con tres es para nota. Y para nota, desde luego, fue lo que hicieron nuestros antepasados.
Cierto que el proceso no fue un camino de rosas, porque había muchos intereses en juego, no solo institucionales, sino también personales y económicos. Cierto, también, que por encima de la voluntad estuvo la obligación de unirse si realmente se querían conseguir las obras del puerto, en las que los tres depositaban su prosperidad futura. Cierto, además, que los ayuntamientos de Carril y Vilaxoán estaban en una situación económica límite. Pero cierto, igualmente, que aquella fusión, desarrollada en un momento muy complicado -en la fase final de la Restauración, en vísperas de la I Guerra Mundial y con una crisis económica galopante-, supuso el nacimiento de un liderazgo comarcal, el de Vilagarcía de Arousa.
Siempre nos quedará la duda de qué hubiera ocurrido si de verdad se hubiera creado la Ciudad de Arousa, que ese era el objetivo inicial, con la costa urbanizada, llena de hoteles, balnearios y bulevares, con un palacio real en Cortegada y con un tranvía que uniría Carril y Cambados para, desde allí, llegar por mar a A Toxa? Pero de lo que no cabe duda es de que, con todas las dificultades, Vilagarcía, Carril y Vilaxoán no solo encontraron su camino -una senda que ya estaba marcada desde la misma aprobación de la Nueva Planta de Ayuntamientos, 80 años antes, que proponía la fusión de los tres concellos-, sino que dieron un ejemplo de cómo la unión hace la fuerza.
Cuando hace cien años las tres villas y puertos se unieron, apenas sumaban 12.000 habitantes. Hoy vamos camino de los 40.000 y ocupamos una posición de privilegio en el ránking de los municipios gallegos. Pero hoy, como ayer, vilagarcianos, carrileños y vilaxoaneses siguen manteniendo su propia idiosincrasia. Y eso, aunque a veces pueda parecer malo, es bueno, muy bueno, porque esa defensa de lo propio hace mantener viva a la sociedad, a través de sus más diversas manifestaciones: la cultura, las fiestas, el deporte? lo que a su vez hace que Vilagarcía de Arousa, en su conjunto, sea hoy un referente en multitud de facetas. Ese es el quid de la cuestión y la explicación del éxito.
«Vilagarcía ocupa hoy una posición de privilegio»