De Vilagarcía a Valga y de O Grove a Meis, Arousa es tierra de corales
01 dic 2013 . Actualizado a las 06:44 h.Llega la hora de afinar los repertorios de Navidad. Los festivales de villancicos se acercan y pocas son las corales que en estas fechas no tienen alguna actuación. El calendario arousano está bien provisto, no podía ser de otro modo. Desde O Grove a Pontecesures y de Vilagarcía a Meis, no hay concello que no disponga de una coral o, en el peor de los casos, de un modesto coro parroquial. En el listado de la federación gallega de corales (Fecoga) hay una quincena inscritas, a las que hay que sumar casi otras tantas que funcionan fuera de esta organización.
Por población, se lleva la palma Vilagarcía, donde están activas una decena de agrupaciones En Pontecesures, con tres mil habitantes, hay dos corales y solo en Meaño hay cuatro.
Si estas cifras se interpretan en clave de voces, se llega a la conclusión de que el fenómeno coral moviliza en la comarca en torno a un millar de personas: las hay de gran tradición, como la de Vilaxoán que supera ya el medio siglo de vida, y de reciente creación, como la de A Illa de Arousa, que debutó este año.
Precisamente en Vilagarcía, concluyó el pasado domingo un ciclo organizado por el Concello Voces para un centenario que dio la oportunidad a los vilagarcianos de disfrutar del trabajo de nueve agrupaciones del municipio: además de las de Vilaxoán, actuaron la de Santa Eulalia de Arealonga, Amencer, Cornazo, Cortegada, Sobradelo, Rosalía de Castro, Alento Xoven y el Coro Liceo.
Las corales se componen de voces femeninas y masculinas, aunque son estas últimas las más escasas, y tienen un denominador común: existen por amor al arte. Los ingresos que reciben llegan de subvenciones, algún premio y los ingresos por misas y funerales, cuando se da el caso. Y este dinero suele emplearse para hacer frente a gastos de las propias agrupaciones o, si sobra, alguna actividad lúdica.
Para formar parte de una coral no es necesario saber música, quizá por ello son muchos los que se deciden a dar el salto. Pero sí son necesarias unas aptitudes y actitudes mínimas. Junto a la capacidad vocal está la disciplina que imponen los ensayos y el calendario de actuaciones. La mayoría de los coralistas trabajan, de manera que hay que conciliar y buscar las últimas horas del día y los fines de semana para atender a los ensayos.
Pero tras ese esfuerzo está el premio de subirse a un escenario y recibir el aplauso del público y, como no, la satisfacción de haber puesto voz a una partitura de un clásico como Verdi, una popular zarzuela o un entrañable villancico.
La última incorporación
al plantel coral de la comarca es un grupo de A Illa
Las agrupaciones viven en estas fechas navideñas la época de mayor actividad