Los adoquines fantasma de Carril

Antonio Garrido Viñas
antonio garrido VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

Alguien, o varios, están despoblando el puerto carrilexo de sus piedras

01 dic 2013 . Actualizado a las 06:52 h.

Dar un paseo hasta Carril es uno de los grandes placeres que reserva el invierno vilagarciano. Aprovechar los rayos de sol y disfrutar del paisaje es una de las tareas cotidianas a las que se aplican muchos aprovechando que Lorenzo se ha empeñado en pasar estos días con nosotros. Se ve el mar y se disfruta de la tierra, con esas pequeñas casas perfectamente cuidadas que acompañan al paseante hasta la lonja. Una vez allí, muchos desandan lo andado y, por eso, un extraño caso está pasando bastante desapercibido. Alguien. o varios, se están llevado por docenas los adoquines del puerto carrilexo.

A primera vista no se aprecia. Hay que acercarse a la zona de los pantalanes para contemplar el desaguisado. Y el desaguisado es notable. Dos socavones enormes se han convertido en sendos perfectos bancos de adoquines. Y con clientes asiduos a tenor de lo que se pude comprobar. No menos de trescientas piezas faltan allí.

El primer hueco, el más grande, ocupa prácticamente todo el ancho del espacio. Una fila de ocho adoquines de ancho por unos veinte de alto han dejado un enorme espacio vacío, más grande que el frontal de un vehículo, y que es difícil de evitar si se quiere seguir avanzando. El segundo está situado detrás de la torre que señaliza la entrada al malecón. Ligeramente más pequeño, pero solo ligeramente, a vuela pluma puede constatarse que de allí han desaparecido otro centenar de adoquines.

Una vez constatados los hechos habría que buscar a los culpables de lo que en Carril está sucediendo. Parece claro que la volatilización de los adoquines no ha sucedido de un día para otro. Es decir, que debe ser una práctica continuada. De hecho, algunos están colocados ya al pie de la torre, en lo que parece una parada hacia su destino. Tampoco se recuerdan disturbios recientes en la zona en la que las piedras pudieran haber servido de munición.

¿Y cuál puede ser el destino final? Pues echando un vistazo a las embarcaciones que por allí se encuentran se puede comprobar que en varias de ellas los aparejos que están la vista tienen a adoquines como perfecto lastre para conseguir que las nasas, o las redes, o lo que sea menester se vayan hacia el fondo. Evidentemente, puede ser que los adoquines que lucen en las chalanas hubieran llegado de otro lugar, o incluso que fueran comprados por quienes los usan, con su factura correspondiente y todo. Lo único que está claro es que la despoblación de esos elementos en el puerto de Carril es notoria. Ah, y que los pagamos todos.