Quien pregunte a Manuel García, director y primer accionista de Tune Eureka, por el éxito de la factoría de Bamio, se encontrará con una respuesta firme y concreta: hablar inglés y mantener un permanente esfuerzo por la formación de su plantilla y la renovación de su maquinaria. Es así como, después de 40 años y mil y un avatares, la empresa arousana está a punto de protagonizar todo un hito en un momento tan duro como el actual; una inversión millonaria en la ampliación de sus instalaciones.
La trayectoria de la compañía se inicia en 1973, con el desembarco en Vilagarcía de una firma noruega especializada en la fabricación de equipos para barcos. Quince años más tarde, en 1988, el negocio adopta el nombre de la gigantesca multinacional escandinava Kvaerner y emprende un camino plagado de paradojas, en el que los hitos industriales y los riesgos empresariales se suceden.
En los años 90, la planta de Bamio desarrolla su proyecto más conocido: la caldera del complejo incinerador de Sogama, que hace correr ríos de tinta. Al mismo tiempo, el grupo noruego toma una decisión que a la postre situará a la factoría a un paso de su desaparición: Kvaerner adquiere la empresa vizcaína Mecánica de la Peña, empleando para ello sus acciones en Bamio.
El futuro de ambas actividades queda ligado, hasta tal punto que la caída de la fábrica vasca, a finales de la década, amenaza con arrastrar a la factoría arousana. Quienes lo evitan son García y otros 16 empleados, quienes adquieren la empresa en una subasta ejecutada por un juzgado de Bilbao. Corría el año 2003. Diez años más tarde, Tune Eureka ha recobrado su denominación original. Y, lo que es más importante, ha sabido mantener la tensión precisa para seguir en la brecha. Su rúbrica puede rastrearse en China, Estados Unidos, Canadá, Singapur y buena parte de Europa.