Varios espacios infantiles de Vilagarcía guardan trampas muy peligrosas para los niños
11 oct 2013 . Actualizado a las 06:54 h.Vilagarcía cuenta con cerca de cuarenta parques infantiles, distribuidos en prácticamente todos los núcleos de población de la localidad. Con el regreso de los chavales a las aulas y la llegada del otoño estos espacios vuelven a cobrar vida. No siempre, sin embargo, parecen estar en la mejor situación para aguantar el ímpetu que provoca la adrenalina infantil. Un paseo por seis de ellos, escogidos al azar, desvela algunas carencias importantes en más de uno. El accidente que sufrió una niña el pasado viernes en el de Celso Emilio Ferreiro refuerza la impresión de que hay determinados lugares sobre los que debería mantenerse una especial atención.
Pulgas y perros sueltos
El paseo lo comenzamos en el parque de O Piñeiriño. Es este uno de los barrios con más población de Vilagarcía y con una media de edad no muy alta. Es decir, abundan los niños y su parque es uno de los que tienen más movimiento. Dividido en tres fases, la zona verde se ha convertido en prácticamente de uso exclusivo para los perros -a pesar de que un cartel a la entrada prohíbe su acceso- ya que es donde acuden a aliviarse los canes. El recinto de los columpios, si mantenemos las pulgas al margen, no presenta mayores problemas y donde surge el peligro es en la pista polideportiva. La valla que da a la carretera está rota en uno de sus tramos y deja al aire una inquietante ristra de afilados estiletes. Los agujeros en la otra, por donde se cuelan balones y pequeños casi por igual, son continuos y la solidez de unas porterías ya entradas en años tampoco parece una garantía.
El parque de A Coca, emplazado en una zona espectacular, tiene una notable dotación de columpios de madera que han sido pasto de aprendices malos de grafiteros y guarda la inquietante amenaza que supone la desaparición de una parte de la cúpula. La pregunta es si lo que queda de ella está suficientemente asegurada o si una racha de viento con mala uva puede lanzarla encima de cualquiera.
Pasear con precaución
Lo mejor que tiene el parque Celso Emilio Ferreiro es su sombra. Por él hay que pasear con cuidado y no está muy claro hacia dónde conviene mirar. Si hacia abajo, para no tropezar con las baldosas levantadas o sencillamente desaparecidas, o hacia el frente para no chocar con esas columnas de piedra maciza que por allí abundan.
A Lomba fue durante muchos años el único lugar donde había columpios en Vilagarcía. Donde estaban aquellos juegos primigenios hoy hay grava y la zona para los más pequeños está en uno de los extremos. No es de las que están en peor estado, faltan únicamente un par de tablas en el vallado. Una mano de pintura, por cierto, no le vendría nada mal. Tiene pinta de que hace tiempo que no la disfruta.
Según nos vamos alejando del centro de Vilagarcía da la impresión de que el cuidado de las zonas infantiles parece menos urgente para sus responsables. Sucede por ejemplo en el área de O Souto, en Rubiáns. Allí se acumulaban en la mañana del miércoles hojas y basura, restos de un botellón que no pareció multitudinario y que, quizás, se escaparon de una papelera que estaba a rebosar. El toque de la mesa de plástico apoyada en uno de los árboles le daba casi un punto kitsch a la escena.
El viento y las cadenas
No parece que el parque que se encuentra en O Preguntoiro vaya a ser de los más visitados de ahora en adelante. El viento lo debe convertir en un lugar desagradable al estar tan pegado al mar. Quizás por ello es el único, de los visitados, en el que aparece un columpio roto. Desaparecido en realidad. Solo quedan las cadenas y es fácil imaginar que entre el viento, la niebla y el ruido que harán al bambolearse es el perfecto lugar para que los terrores nocturnos de los pequeños tengan un vivero generoso.
El paseo concluye con la sensación de que muchos de los parques de Vilagarcía están en un perfecto estado de crisis. Y con una última reflexión: son medio centenar los miembros de la brigada de Obras que van rotando en función de las necesidades. Algunas, sin atender, parecen perentorias
La zona verde de As Pistas se ha convertido en un aliviadero para las necesidades caninas
En Celso Emilio Ferreiro no está muy claro si es más seguro mirar al frente o hacia abajo
La mesa de plástico apoyada en un árbol de O Souto le da un toque «kitsch» a la escena de Rubiáns