Gorrillas a golpe de «walkie»: «Ahí te va un Audi, cambio»

Serxio González Souto
SERXIO GONZÁLEZ VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

MONICA IRAGO

04 oct 2013 . Actualizado a las 06:58 h.

La vida, que es muy perra y a menudo se revuelve a traición para morder y dejar a cualquiera tirado en la calle, tiene también sus momentos. A Miguel y a Lidia las cosas no les han ido del todo bien, por razones que exceden estas pocas líneas. El asunto que hoy viene a cuento es el negocio al que se dedican. Pero, sobre todo, la forma en que lo hacen. Ambos son pareja y pasan sus horas como gorrillas, señalando al automovilista los huecos que van quedando vacíos en el cada vez más complicado Tetris del aparcamiento urbano en Vilagarcía. Hasta aquí nada de particular. Lo bueno es que cada uno empuña un walkie talkie. El sistema les permite comunicarse con fluidez y compartir información preciosa cuando la moneda que puede caer en sus manos depende de una respuesta rápida. «Ahí te va un Audi, cambio», alerta Miguel a su mujer, a un paso de la plaza de abastos, en un tramo de estacionamiento señalizado como zona azul.

¿Un futuro municipal?

La tecnología, tanto la inalámbrica como la más rudimentaria, consistente en una señal de mano reversible, de esas que abundan en las carreteras en obras, aporta a nuestra pareja una ventaja indudable frente a sus competidores. Que no siempre son amistosos. «Los de toda la vida no tenemos problemas, tratamos bien a la gente y yo les entiendo, no están las cosas como para andar dando monedas porque sí; a los que nos dan, una sonrisa, y a los que no, otra», reivindica Lidia su labor. Por Vilagarcía pululan, desde la TIR hasta Fexdega, rumanos y tipos del país, de tornillo fácil, amigos de rayar puertas y capós, tropa bastante ida a la que le va la bronca a voz en grito y puño en boca. «Nosotros no somos así», replica Miguel, que en un día bueno de mercado puede reunir, calcula, unos 50 euros a medias con su mujer. «Los walkies -explica- nos los dio un señor, ya ves que nosotros nos portamos, aunque con la crisis viene mucha gente nueva, de fuera, y algunos son chungos, no es el primero al que echamos». El Concello, han oído, está pensando en regular el aparcamiento a través de oenegés. «Si eso va podrían contar con nosotros, ¿no?», se pregunta Lidia después de echar una mano a dos señoras con el coche. Habrá que ver qué idea tienen en la casa grande de Ravella.