Veraneantes en busca del paraíso insular

AROUSA

MARTINA MISER

Una isla y una playa de aguas cristalinas son, para muchos, la imagen del paraíso. Para descubrirlo, los arousanos no precisan viajar al Caribe. En el corazón de la ría se halla A Illa, un territorio en el que la conjunción de aquellos dos requisitos se repite en cada rincón de costa. Un poco más allá se encuentra Areoso, que además de carácter insular y de arenales paradisíacos ofrece el atractivo de su difícil acceso y su habitual soledad.

Claro que ese edén casi desértico solo es una realidad durante el invierno. En verano, cientos de lanchas se acercan al pequeño islote en busca de una tranquilidad que ya no es tal. Las aglomeraciones restan tranquilidad a los bañistas, pero también a los responsables municipales, a los que preocupa la fragilidad de ese pequeño territorio al que solo se accede por mar y cuya pervivencia ponen en peligro la presión humana e incluso las poderosas mareas del invierno. El acceso a Areoso está prohibido con embarcaciones a motor, pero a la vista de la imagen, muchos navegantes aprovechan la falta de vigilancia para sucumbir -al fin y al cabo, no hay paraíso sin tentaciones- a la atracción del resplandeciente islote y para demostrar que las medidas de protección resultan insuficientes.

Areoso está este agosto abarrotado, pero como lo está toda A Illa. En el municipio dicen que no recuerdan un agosto con tanta gente, y tanto el tráfico como las imágenes de las playas refuerzan esa sensación de sus vecinos. Area de Secada, el faro, el muelle y, sobre todo, Carreirón, son los principales puntos de atracción de la localidad. Pero no solo sus playas y sus paseos se llenan. La oficina de turismo del Centro de Interpretación da Conserva recibe cada día a un buen número de visitantes interesados en no perderse ni uno solo de sus atractivos, y sus rutas turísticas se han convertido en un éxito. Los atascos en el puente son el peaje que hay que pagar. No se puede tener todo.