La historia vital de Carmiña Gándara corrió paralela a la de la calle Valentín Viqueira. Desde los 18 años hasta bien superada la barrera de los 50, trabajó en el hotel Cortegada, el único hotel que hubo durante décadas en Vilagarcía y que cerró sus puertas en el edificio que ocupó el bar Xentes coincidiendo con las Olimpiadas de Barcelona, en 1992. «Cualquier persona que no fuese de Vilagarcía pasó por aquí; estuvo el comisario Enrique León, y antes Cándido Diz». También el inolvidable cronista de La Voz de Galicia Alonso de la Torre, que incluso le dedicó alguno de sus artículos, recordando los fríos inviernos en ese hotel en el que siempre se servía de primero marisco.
El hotel Cortegada lo abrió en 1958 el empresario Manuel Tejero. Carmiña entró de pinche, pero acabó haciendo de todo, sobre todo a partir de la fecha en la que los propietarios traspasaron el establecimiento a la familia del que fue su marido. «Toda mi vida se la debo al Cortegada, también haber conocido a mi marido, que por desgracia me duró poco tiempo».
Recuerda con cariño no solo la vida en el hotel, sino la buena vecindad que había. «Don Manuel Novoa, que era muy amigo de Tejero, o Regina la modista que vivía en frente y que cuando me veía en la mesa me decía, ?¡Carmiña, es mejor comprarte un traje que darte de comer!?». Recuerda también cuando al fondo de la calle se veía el mar. Sin embargo, «no recuerdo el muelle de hierro, tengo una ligera idea, pero nada más».
Tanto lo echa de menos que a veces «me quedo embobada mirando el edificio un cuarto de hora. Ahora que lo están restaurando, si me tocara la lotería me compraría un piso».