La escasez disparó el kilo hasta los 18 euros alcanzados en Vilagarcía
23 jun 2013 . Actualizado a las 07:00 h.La sardina es un producto de lujo. El pescado no se deja ver ni dentro ni fuera de la ría y, con el San Xoán, el poco que se enreda en los aparejos se hace valer. Así que en la plaza de Vilagarcía se llegaron a pagar ayer 18 euros por kilo, aunque el precio más extendido para mojar el pan fue de 15 euros. A 14 se pagó el kilo de tradición en O Grove.
Los precios cogieron por sorpresa a algunos consumidores, que no acaban de creerse que la sardina se hablase de tú a tú en las bancadas con las doradas, las lubinas y las navajas. Ni que la reina de la noche de San Xoán se haya colado en el Olimpo de los precios en el que se mueven especies como el centollo a las puertas de la Navidad.
Pero semejantes precios tienen una explicación sencilla: la ley de la oferta y la demanda. Ayer, a las siete y media de la mañana, en la lonja de Cambados había, listos para la subasta, cuatro lotes (de unos ocho kilos cada uno) de sardina del xeito. Se vendieron rápido, a entre 77 y 86 euros. Mientras la subasta se celebraba, un barco del cerco, el Moropa, avisó de que viajaba camino a Tragove con diez cajas abordo, cada una con unos quince kilos de pescado de motor en su interior. Parte de las capturas ya estaban comprometidas, pero seis cajas iban a salir a la puja, así que las cuarenta pescantinas que estaban en la lonja se armaron de paciencia. «É San Xoán e algo de sardiña hai que ter», explicaban mientras esperaban la llegada de unas cajas que se vendieron a entre 135 y 165 euros.
Más y más barato
Precios tan altos no acaban de convencer a Manuel Baúlo, el patrón del Moropa. Él hubiese preferido haber pescado más, «entre 150 e 200 caixas de sardiña» para poder venderlas a entre 30 y 35 euros. Y es que los precios, cuando son exageradamente altos, no son buenos para nadie. Las pescantinas le dan la razón. «Eu terei que vender o quilo polo menos a 14 euros», explicaba en la lonja cambadesa una de las responsables de Mariscos Marisol (O Grove). Acababa de pagar 150 euros por una de las cajas del Moropa, a lo que «aínda lle hai que sumar as tasas da lonxa». Así que el margen de ganancia iba a quedar reducido a la mínima expresión. «Haberá quen venda polo que lle costou a mercadoría», auguraban las peixeiras. Tenían razón. A estas alturas los bolsillos no están para caprichos, ni las vendedoras para dejar de hacer una venta. Aunque sea por la mínima.