Las medidas terapéuticas no farmacológicas son las más importantes en una persona que padece demencia, dentro o fuera de una residencia. Las medidas terapéuticas van a organizarse alrededor de un concepto básico: la estimulación.
En las primeras fases, las diversas terapias cognitivas y la psicoterapia serán las preferentes. Dentro del campo de las terapias cognitivas destacaremos: la facilitación cognitiva, la reminiscencia y repaso de vida, la remotivación, la resocialización, la orientación de la realidad, la musicoterapia y la reestructuración medioambiental.
Sea cual sea la fase en la que se encuentra un demenciado, siempre es posible actuar frente a él con algún modo bien organizado de estimulación. Dos son los factores que mantienen cualquier actividad estimuladora: el método y el personal que lo aplica. Un buen programa de estimulación es necesario en cualquier residencia con enfermos de demencia. En el programa de estimulación debe involucrarse a todo el personal que atiende al anciano, organizando las tareas de tal modo que puedan alternarse y complementarse los cuidados directos y las prácticas estimuladoras. Los objetivos de estas terapias pueden resumirse en tratar de reforzar las habilidades útiles residuales, compensar hasta donde se pueda los déficits cognitivos, adaptar el entorno para hacer menos evidente la invalidez, afianzar los apoyos psicológicos para disminuir la ansiedad y la desorientación, favorecer la participación de los familiares y de los cuidadores y potenciar la interacción humana y ambiental.