Una estación llamada igual en la línea férrea que unía Mérida y Sevilla

La Voz

AROUSA

La coincidencia de dos estaciones de ferrocarril con el nombre de Villagarcía, una en Arousa, la otra en Badajoz, derivaría, en 1914, en una Real Orden por la cual el apeadero pontevedrés pasaba a ser de Villagarcía de Arosa. Era el primer paso hacia el definitivo cambio de nombre de la localidad para el que, sin embargo, habría que esperar todavía ocho años.

En efecto, el 3 de enero de 1922, la Gaceta de Madrid, equivalente al actual Boletín Oficial del Estado, publicaba otra Real Orden referida a Vilagarcía. En este caso, el documento se hacía eco de una reclamación del Concello arousano proponiendo el cambio de nombre. «Según manifiesta el alcalde -dice el texto- hace algunos años, a la raíz de la anexión a dicho Ayuntamiento de los inmediatos de Carril y Villajuán, hubo necesidad, en atención al mejor servicio público, de darle el nombre de Villagarcía de Arosa a la estación ferroviaria de aquel punto, por haber en la línea de Mérida a Sevilla otra también con el mismo nombre de Villagarcía, y con lo que se originaban sensibles transtornos». Desde entonces, seguía exponiendo el informe, se había empezado a utilizar en todos los ámbitos el nombre de Vilagarcía de Arousa, «con tan rara unanimidad, que ello ha creado un verdadero estado de derecho», así que «ha llegado el momento que a esa variación de nombre se le dé estado legal». Así nacía, pues, Vilagarcía de Arousa.

Curiosamente, la Villagarcía extremeña también sumaría otro apelativo a su nombre, y acabaría siendo Villagarcía de la Torre. Hoy, por cierto, este pequeño pueblo de 994 habitantes no tiene estación de tren.