Empresas nacidas en plena crisis

Patricia Calveiro Iglesias
P. CALVEIRO VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

Tres emprendedores explican la experiencia y trabas que se encontraron a la hora de abrir un negocio en la comarca, en una época marcada por la inestabilidad económica

13 ene 2013 . Actualizado a las 06:54 h.

Hay barcos que no se deben dejar zarpar sin subirse a ellos. Así lo vieron seis emprendedores que decidieron embarcarse en un nuevo proyecto a pesar del temporal económico que sacude la comarca. Eran conscientes de que otros buques más grandes naufragaron en los últimos años, pero si algo tienen en común estos tres negocios es que, en cada caso, se cruzó en sus caminos una oportunidad a la que no quisieron renunciar.

La primera de ellos es María López García. La diseñadora nacida en Vilagarcía hace 30 años llevaba tiempo con un sueño en mente: el de abrir su propia boutique y poder vender en ella los vestidos y tocados que tanto triunfaban entre sus amigas. Su fantasía, desde que se fue a Allariz a estudiar Diseño de Moda y Patronaje, era tener una tienda en la calle comercial por excelencia de la villa, Rey Daviña. De ahí que, cuando vio un local disponible allí se dispuso a hacer el sueño realidad. Fue en marzo del 2011, cuando la recesión estaba ya plenamente implantada y las perspectivas de mejora eran pocas.

«No me lo pensé mucho cuando vi el bajo libre. Es cierto que me echaba para atrás la crisis y el momento en el que estábamos, pero siempre pensé que si montas algo distinto y que tenga personalidad puede resultar», relata.

El problema de la financiación

En su caso contó con la ayuda económica de un amigo y no tuvo que recurrir a la financiación bancaria. Los inicios fueron lo más duro: «Yo me pensaba que los gastos que iba a tener era solo el alquiler y me encontré con las facturas de la luz, alcantarillado, agua,... Al principio no me daba ni para pagarlas». A pesar de todo, la tenaz empresaria consiguió poco a poco dar a conocer su trabajo y el pasado mes de septiembre, después de un año y medio, pudo devolver a su benefactor la inversión inicial. «Le estaré agradecida toda la vida», sentencia.

Precisamente la financiación fue el principal problema con el que se topó la segunda de las empresas. Los tres socios que dirigen el kartódromo de Valga, inaugurado en abril del año pasado, se encontraron con un sinfín de papeleo y todo tipo de trabas bancarias para acceder a un préstamo y fue con el apoyo de la familia cómo lo consiguieron.

«Hace once años, cuando abrimos el primer circuito de karts en Santa Comba no tuvimos mayor complicación, pero ahora no tienes las facilidades de antes», explica uno de los propietarios, José Antonio Muñoz.

Aunque la empresa aún no lleva un año de funcionamiento, el empresario reconoce que contaban con tener más beneficios. «La crisis se nota muchísimo, especialmente en el sector del ocio. Es imposible mantenerse sin unos precios muy contenidos y hemos tenido que renunciar en esta primera etapa a cosas tan importantes como la publicidad», señala el emprendedor de 42 años.

Este se aventuró en el proyecto junto con José Manuel Negreira y Manuel Martínez cuando salieron a concurso público los terrenos: «Tuvimos que abrir el negocio sí o sí para no dejar pasar la oportunidad. Si no hubiera sido así, no nos habríamos metido en una inversión de 400.000 euros en este momento», indica. Con muchos proyectos para el futuro en mente, los socios se muestran optimistas: «No queremos tirar la toalla».

¿El reto? Mantenerse

Para otros que nacieron casi al mismo tiempo el reto no es otro que el de mantenerse. Después de trabajar durante dos décadas vendiendo electrodomésticos, Alfredo Campos decidió hacerse autónomo junto con su esposa Tania Vidal. Su antiguo jefe había decidido dejar el negocio y la propia cadena propuso al arousano continuar como propietario de Expert Vilagarcía.

«Da miedo convertirse en jefe en estos tiempos, la gente me decía que estaba loco y que pensara bien dónde me metía, pero yo soy de los que creen que es mejor arriesgarse a tener que arrepentirse más tarde», indica. «A lo mejor peco de optimista, pero creo que nos fue mejor de lo que habíamos pensado», continúa. Un préstamo del ICO y la ayuda de la familia contribuyeron a ello. El riesgo a ser un náufrago más de la crisis corrió por cuenta propia. Como en los dos casos anteriores, se arriesgaron para ganar.