Los charcos de Rosalía de Castro dificultan el tránsito de vehículos y peatones
AROUSA
La tan necesaria lluvia puede llegar en ocasiones a ser muy molesta, e incluso convertirse en un auténtico infierno cuando las calles no están preparadas para ella. Es lo que ocurre en la calle Rosalía de Castro de Vilagarcía, donde cada vez que las nubes deciden desprenderse de su carga se forman enormes bolsas de agua que hacen muy difícil el tránsito de vehículos y sobre todo de peatones.
A poco que llueva, los laterales de la calzada del antiguo barrio de la Prosperidad se llenan de agua. En este caso los que pagan el pato son los viandantes, que deben caminar bien atentos al paso de los coches o, de lo contrario, se arriesgan a terminar bañados sin pretenderlo. La situación es especialmente grave en algunos tramos en los que el mal estado de la calzada se suma a la estrechez de las aceras. En días de lluvia, los peatones deben huir de esta conjunción de factores como del agua hirviendo.
Los usuarios habituales de esta vía, a fuerza de remojones, ya saben que en caso de que el cielo se precipite deben dejar raudos esta calle y tomar la alternativa del paseo marítimo, más descubierto pero a salvo de los incómodos salpicones de las ruedas de los coches. A los novatos, sin embargo, el primer chaparrón los coge desprevenidos.
Pero tampoco para los conductores los charcos de Rosalía de Castro son jauja. Si la lluvia es poca, los inconvenientes no son muchos. Pero en cuanto esta arrecia, la calle se convierte en un auténtico río que en ocasiones no es fácil de cruzar. Ocurre, sobre todo, en las inmediaciones del balneario de A Compostela, donde muchas veces la altura del agua alcanza varios centímetros.