No hay peor ni más implacable enemigo que el que cada uno de nosotros lleva dentro. Un político bien conocido me dijo hace tiempo que Gonzalo Bouza-Brey pudo haber sido en Vilagarcía lo que hubiese querido. Esos demonios interiores lo impidieron. Pero lo que jamás pudieron ocultar fue la expresión del talento, la enorme humanidad, la sensibilidad, la calidez y calidad del hombre que acaba de irse.
Ni Leibniz ni por supuesto Felipe González llevaban razón cuando, en circunstancias y tiempos muy distintos, afirmaron que vivimos en el mejor de los mundos posibles. Es posible imaginar un mundo mucho mejor y más solidario. Gonzalo pertenece a la generación de quienes se atrevieron a dar un paso más e intentar materializarlo. Su compromiso politico, iniciado en la clandestinidad y proseguido en el PCE, del que fue concejal en la primera corporación de la democracia contemporánea, y el PSOE, contribuyó a alumbrar aquel proyecto magnífico que se llamó Asamblea Democrática de Arousa. La poesía, la inagotable curiosidad que anima a los mejores humanistas, la inquietud, la preocupación social y un saber enciclopédico, siempre dispuesto a ser compartido, con la bandera de Galicia como prioridad, son sólo algunas de las pinceladas que componen su retrato. La vorágine del recorte de los derechos sociales le traía de cabeza últimamente. En sus días finales andaba con una carpetilla bajo el brazo. En su interior, la transcripción de un puñado de cartas escritas por Castelao desde Vigo y Bretaña. Aquella fue la última conversación, en la barra de A Perla, el cálido bar en el que echaba la partida. No habrá más, no al menos sobre esta tierra. Tampoco hay consuelo. Lo que sí hay, como hace un año con Nacho y Pimienta o hace apenas una semana con Isidro, es la oportunidad de frenar, de recapacitar y de concentrarnos en lo verdaderamente importante, en el cuidado de nuestra gente, porque puede desaparecer en cualquier momento, dejando en nosotros el devastador vacío de las palabras que no se pronunciaron y los propósitos que nunca se llevaron a cabo. Así que saúde, compañeiro, a la espera de un reencuentro en el que, por qué no, también es posible soñar.