El paro cercena el futuro de un millar de jóvenes en la comarca

Susana Luaña Louzao
Susana Luaña VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

MONICA IRAGO

Solo una cuarta parte consiguen trabajos precarios en meses de verano

11 nov 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

En la práctica serán muchos más, pero oficialmente, en el mes de octubre había en O Salnés 1.065 jóvenes menores de 25 años apuntados en el paro. Es una cifra elevada que incluso llegó a cotas mayores, porque en el mes de febrero eran 1.308 en la comarca. Y no es que la situación haya mejorado o se vislumbre para ellos una luz al final del túnel de la recesión. Es que buena parte de ese colectivo, al que muchos llaman ya la generación perdida, fueron contratados en los meses de verano y todavía no se sumaron al carro de la realidad; lo harán, probablemente, cuando finalice el año, porque no parece que antes puedan encontrar una salida satisfactoria en el casi inexistente mercado laboral de la comarca.

El primer empleo

Los últimos datos oficiales del desempleo en O Salnés indican que, en el mes de octubre, había 12.684 demandantes de empleo en la comarca. Finalizado el espejismo de los contratos temporales, el paro vuelve a sus cifras reales y en ellas se incluyen 1.065 jóvenes menores de 25 años y 835 personas que demandan por primera vez un empleo. Los menores de 25 años representan el 8,3 % del total de desempleados, mientras que los demandantes del primer empleo son el 6,5 % de los parados oficiales en O Salnés.

El paro o seguir estudiando

Entre ese colectivo se encuentran jóvenes sin la preparación suficiente para competir en un mercado laboral más bien escaso, pero también licenciados sobradamente preparados o trabajadores cualificados que no tienen dónde desarrollar sus conocimientos. Todo un drama social de profundas consecuencias. Al no disponer de independencia económica, se trata de una generación que ni se independiza ni procrea. Y que por supuesto, tampoco cotiza para sufragar las pensiones de sus mayores.

Ante esta difícil situación, algunos jóvenes de la comarca optan por alargar sus estudios a la espera de que se recupere el mercado laboral; otros, ya no se plantean otra salida más que la emigración. Difícilmente se atreven a abandonar la casa paterna o a crear una familia, en clara contradicción con el reloj biológico.