En 1995, los artistas de O Grove -que son muchos-decidieron engalanar el muro del puerto con diversos dibujos y mosaicos. Traineiras, bateas, motivos marineros... En la pared de hormigón que flanquea el espigón florecieron multitud de representaciones que plasmaban un pequeño trozo del imaginario cultural meco. Y no faltaba el humor, parte esencial del carácter local. Dos buenos ejemplos son el King Kong «coa cunca de viño na man», o la última cena en clave cinéfila, donde Marilyn Monroe ejercía de Mesías, un centollo de cáliz, y Chaplin, Groucho Marx, Bogart o Elvis eran algunos de los apóstoles -parece ser que Judas era el majo de E.T.-. El compendio de dibujos daba un aspecto colorido, y el paseo por el puerto comenzó a tener un atractivo añadido. Tanto que, ese mismo año, durante la Festa do Marisco, raro era el visitante que no se interesase por estas obras.
Un lujazo
No es de extrañar que los visitantes dedicasen un buen rato a disfrutar de aquellos extraordinarias y heterodoxas obras de arte: algunas de ellas llevaban la firma de autores como los Besada, todo un clan de pintores locales; Sico o Gogue. Así que hablar de que el puerto se convirtió en un museo al aire libre no es hablar por hablar.
Se desdibuja
Sin embargo, esta manifestación plural y espontánea fue oscureciéndose año a año. Pasaban los inviernos, y comenzaban a faltar azulejos en los mosaicos, los trazos de pintura se empezaban a resquebrajar y se expandió como la peste una capa grisácea, que fue degradando la intensidad cromática de este enorme cuadro horizontal.
La resurrección
Con este panorama, los vecinos de O Grove se empezaron a movilizar por las redes sociales para recuperar estas obras, que a día de hoy están muy deterioradas. José Arnoso -que en su día fotografió algunos de los dibujos- recalcó la necesidad de «restaurar» los murales. Y los grovenses ya se han movido, porque ayer se presentó un escrito ante Portos de Galicia y el Concello de O Grove solicitando permiso para celebrar la primera edición de de un certamen que se llamará «Arte no peirao».
«Arte no peirao»
En estas cuestiones, la unanimidad es una cuestión casi obligada, ya que la cita no acarrea más gasto que el de la pintura. El altruismo ya lo ponen los artistas, que regalarán al pueblo su obra y su talento. Y, en una edición en la que no hay simposio de escultura -se organiza bienalmente y no toca-, el Marisco demanda un poco de arte en su menú.