Rías Baixas afronta una cosecha escasa y una vendimia tardía

Bea Costa
bea costa VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

La mayoría de las bodegas empezarán a recoger la uva a partir del día 20

02 sep 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Las parras de albariño están bastante menos cargadas que el año pasado. Las estimaciones iniciales apuntan a que un 50 % menos respecto al 2011, si bien, a la hora de analizar este parámetro hay que tener en cuenta que la última cosecha fue excepcional en cuanto a cantidad. En la totalidad de la denominación de origen Rías Baixas -de la cual O Salnés representa el 65 %- se recogieron el año pasado 41 millones de kilos de uva y la previsión es que este año se vendimie la mitad o incluso menos, lo cual sitúa los niveles de producción en valores del 2008 y 2009.

Pese a ello, parece que esto no será un problema a la hora de atender la demanda. La mayoría de las bodegas acumulan excedentes de la pasada campaña porque no fueron capaces de vender toda su producción, y con las botellas en el almacén alguna se está planteando reducir la vinificación para este año y, en consecuencia, comprar menos uva.

A la espera de comprobar cómo se comporta el mercado, la uva sigue completando su proceso de maduración en la viña. Este va bastante lento lo cual obliga a retrasar la vendimia respecto al año pasado. La mayoría de las empresas consultadas sitúan el inicio de los trabajos en la tercera semana de septiembre -las cooperativas Condes de Albarei y Martín Códax, por ejemplo, tienen previsto arrancar el día 20 y 24, respectivamente- frente a lo que ocurrió en 2011 cuando hubo alguna bodega, caso de Pazo de Baión, que empezó a sacar la uva ya a finales de agosto. Pero aquello fue excepcional. Lo habitual es esperar a mediados de septiembre y este año la cosecha recupera valores de normalidad.

En cuanto a la situación del fruto, los técnicos apuntan a que podría alcanzar una gran calidad, si el clima no se tuerce. «A calidade está por definir, depende do tempo» Y, a efectos de los viticultores, lo ideal a partir de ahora sería un clima seco y no demasiado caluroso para favorecer una maduración lenta que permita a la uva alcanzar unas condiciones aromáticas óptimas así como de graduación y de acidez.

La cosecha mermó como consecuencia de los hongos y las enfermedades que le afectaron en primavera, y el hecho de que el verano fuera más húmedo de lo habitual, también perjudicó.