Los críticos impugnarán en el juzgado la nueva presidencia de Castro
01 sep 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Básicamente, la asamblea del Liceo Casino de Vilagarcía celebrada ayer consistió en que Alfonso Saavedra dejó la presidencia y Antonio Castro ocupó su lugar. En resumen, porque lo cierto es que la junta a la que ayer asistieron un centenar de socios dejó entrever una fisura difícil de superar y que podría acabar con la histórica sociedad en el juzgado.
Empezó a las ocho y media de la tarde en segunda convocatoria. En la mesa presidencial se sentaron, entre otros, Silverio Bouzas, Óscar Rodríguez, Rafael Camacho, Máximo Patiño y Antonio Castro, mientras que Saavedra lo hizo en la primera fila de asientos, en la misma en la que estaba Álvaro Paz y el grupo de críticos. En cuanto Patiño dijo que iba a hablar Camacho como presidente en funciones, Álvaro Paz protestó, pero Patiño le dijo que no se podían formular preguntas. Entonces, en medio de una fuerte protesta, los críticos abandonaron la sala. Eran un grupo de seis o siete personas. La mesa presidencial los despidió: «¡Adiós, señor Paz!», dijo Patiño, y el grupo contestó: «¡Adiós, nos vemos en el juzgado!».
Así, bajo la amenaza de que las disensiones internas del Liceo acaben en una denuncia presentada por el grupo crítico, continuó una asamblea en la que el centenar de socios que se quedó -con una media de edad elevada- aplaudió el nombramiento de Castro como presidente.
El nuevo responsable de la sociedad, en su primer discurso, aprovechó para atacar a los críticos, a los que acusó de mentir tanto sobre la convocatoria de la asamblea como sobre las acusaciones que en los últimos días se vertieron sobre la línea oficial. El antiguo tesorero y responsable del tenis de mesa sostuvo que la directiva saliente había hecho lo que los críticos pedían en la moción de censura: dimitir y convocar nuevas elecciones, y que tuvieron un plazo para presentar candidatura y no lo hicieron. Y se preguntó dónde estaban cuando se compró la nave del puerto, cuando se firmaron los créditos bancarios o cuando se dejó marchar la coral o el equipo de submarinismo.
Castro aseguró que la sociedad no estaba muerta «ni muchísimo menos», y quiso recordar un éxito deportivo más del Liceo en la figura de Támara Echegoyen, medalla olímpica en vela.
Luego admitió que la situación era crítica, que el Liceo había llegado a tener 2.700 socios y ahora estaba en poco más de los 770. «Estos días hubo una considerable cantidad de bajas -admitió-, y es posible que todavía haya más». Y culpó de ello a las acusaciones que se estaban vertiendo en los medios de comunicación. Para limpiar esa imagen que se estaba transmitiendo de la sociedad y para aclarar de una vez por todas las cuentas y su realidad económica, anunció la contratación de una auditoría externa «que dejará claro cómo se llegó a esta situación».
Pero como Castro sostiene que el Liceo no está muerto, propuso iniciativas para reflotarlo. En primer lugar, anunció que a mediados de septiembre se volverá a abrir la sede de la calle Castelao, y que tal y como había dicho antes Saavedra, la gestión de la cafetería sería directa.